Como si fueran ecos del pasado, parte de los tiempos idos por el incesante avance de la tecnología y otra forma de vivir, el que escuchemos este pásele, pásele…se nos hace raro pero a la vez deseable porque por lo regular nos deparan buenas nuevas.
Es común encontrarlos en las ferias de pequeñas comunidades o en las ciudades turísticas, en especial en las calles de mayor afluencia y de esta manera puedan ser consultados. Acuden a ellos personas de diversas edades y condiciones sociales, algunos por la mera curiosidad, otras y otros por conocer que les depara el destino.
Don Francisco Reyes Mondragón trabaja en una de las aceras del centro de Tequisquiapan Querétaro, por 28 años cada fin de semana y durante las vacaciones ha estado allí con los canarios que el mismo ha entrenado.
Si bien el es originario de los Reyes, La Paz, estado de México, comenta que por algún tiempo el quiso hacer su trabajo en algún lugar cercano a su domicilio pero como existían problemas con el ambulantaje, le sugirieron se trasladara a otro lugar y fue así como llegó al estado de Querétaro.
Comenta que esta es una actividad que se hereda, es por tradición y si bien su papá no la efectuó, su abuelo sí, fue quien le enseñó todos los secretos de la actividad, desde preparar y pintar las jaulas, que por cierto parece que fueron pintadas la noche anterior, entrenar y alimentar a los pájaros con alpiste, niger y nabo.
Una de las parejas de canarios que tiene para trabajar son Hugo y Luis, como cada uno de nosotros responde a sus esquemas referenciales propios pensé que los había bautizado así por los sobrinos de Mac. Pato pero me aclaró que no fue así, tiene en total 10 canarios para realizar su actividad, en la que dice, económicamente le va bien.











La Jornada: Ecoalebrijes: arte y manejo forestal sustentable
































