Orson Wells/del Pop al ciudadano Kane

Me importa poco la crítica cinematográfica; mucho menos el famoso ranking de las cinco, diez, veinte o cien mejores películas de la historia. Sólo soy un voyeur entusiasta del vodka tonic cuando el calor aprieta el gañote. Sin embrago, Wells despierta mis neuronas por dos razones: por su agudeza teatral y cinematográfica; así como por su vulnerabilidad humana que lo llevó cual montaña rusa de Chapultepec del pináculo a los sótanos de la ignominia bueno aquí debo reconocer que tenía buen gusto pues andaba tronándole los huesitos a Dolores del Río-

Teatro y radio fueron el doble filo con el que comenzó a rasgar la cultura popular y no tan popular de Gabacholandia. Como buen radical incansable, produjo y dirigió obras clásicas en el Harlem de Nueva York; coordinando en escena a más de 100 “actores” afroamericanos –que provenían de un programa de desempleo- en adaptaciones inverosímiles de Shakespeare: Hamlet, Macbeth versión vudú y ambientada en Haití, Julio César minimalista y panfletaria contra el nazismo; verdaderas abuelas del performance y el pop sanguinario. La historia de las consecuencias de su programa radiofónico La guerra de los mundos, basada en la novela de Herbert George Wells, es ampliamente conocida y por lo tanto prescindible en este texto.

La señal No trespassing sobre una malla que resguarda las “majestuosas cúpulas del placer de Xanadú” –tierra de nadie repleta de las riquezas más absurdas- es el comienzo de la película que relata con sobriedad la vida de Charles Foster Kane –inspirada en las andanzas de William R. Hesarst-. Largometraje que basa su estructura narrativa en dos argumentos muy sencillos: la búsqueda del significado de la última palabra del moribundo Kane y la egolatría del mismo. Historia que le valió a Wells a sus 24 años el acoso del FBI por comunista y la aplastante influencia y venganza del magnate Hearst, quien era dueño de varios periódicos, teatros, bienes raíces, y de casi el 25% de las obras de arte que circulaban en el mercado mundial de su época. Citizen Kane se estrenó en 1941 y dejó de proyectarse en 1941.

Generosamente Orson nos da las respuestas: la última palabra de Kane fue “Rosebud” –marca del trineo que le regaló su madre en la navidad en que ella misma lo pone bajo custodia del director de un banco trasnacional, pero que en realidad dicen era el mote del sexo de la esposa del consabido William R. Hearst- que simboliza su infancia perdida o lo que se nos ha olvidado en el camino. La segunda respuesta la encontramos en el retrato de un egocentrismo contrapunteado por el deterioro físico y espiritual que vivió en carne propia el Wells director –por el sobrepeso llegó a usar silla de ruedas- y Kane personaje. Una autobiografía no autorizada de sí mismo. Ahora bien, si no la han visto ¡háganlo, no se rasquen el ombligo! presto el DVD, faltaba más.

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Una respuesta a Orson Wells/del Pop al ciudadano Kane

  1. Les recomiendo ampliamienta la película “Sed de maldad”, interpretada -magistralmente desde mi punto de vista- por el mismo Orson, personificando un un policia corrupto de una ciudad fonteriza. La película es un mano a mano con un detctive mexicano que investigan a la par un atentado con bomba de un empresario norteamericano que le gustaba cruzar a la frontera para echarse sus alcoholes es los cabarets. Por cierto que la dueña de una de ellos en Marlene Dietrich, nda más. La encuentran en cualquier tienda de discos, yo la compre en 40 pesos en un Woolworth… aunque usted, no lo crea.

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