El fino arte de ser “Chango”

Cada vez que entro en una pulquería o cantina y me encuentro uno de aquellos clásicos posters de un chimpancé sonriendo, vestido de traje, sombrero, cerveza en mano, lo lineal o curvo deja de serlo. Entonces descubro trazos –quizá deban internarme en la casa de la risa– que se convierten en caricaturas llenas de velocidad y lentitud; conjugándose y anteponiéndose al mismo tiempo. Al arreciar la beberecua, comienzo a observar claramente exquisitos dibujos de “El Chango” García Cabral llenos de Art Nouveau y Déco dando tumbos sobre la barra, los vitroleros y las botellas –hasta puedo palparlos, olerlos y de paso darles un lengüetazo–

Bien lo decía don Poncho Reyes “La caricatura es una etimología del carácter, una indagación en las raíces de la persona” –una búsqueda genial y sofisticada desde mi punto de vista, en el caso del primate veracruzano de nombre Ernesto– Su expresión gráfica siempre mostró de lo que estaba hecho: buen carácter, diversidad, innovación, dibujos precisos, armónicos y una dosis para dormir caballos de sarcasmo e ironía. Cronista empírico de la época moderna, de lo cosmopolita y rascuache. Escribiera Juan José Arreola: “En esta obra estamos todos: no hay un año que falte de nuestra vida, pero ni siquiera un mínimo rastro de nuestra condición individual… gran dibujante de mujeres, tuvo la honradez de dibujarnos a nosotros: Adán y Eva vestidos a la moda de los veinte”.

Tan prolífico como sus primos, los macacos africanos, produjo cerca de 20,000 ilustraciones que abarcan seis décadas y claro está, las finas portadas de Revista de Revistas. De chaval viviendo en París colaboró con publicaciones La Vie Perisienne, Le Rire, La Bayonnette y tiempo después por el año de 1929 le dio por el periodismo al dirigir el semanario Fantoche; trabajo que sería el germen de su labor en la Tarántula, Frivolidades, el Heraldo de México y Multicolor. Sabiamente prefirió mantenerse al margen del caballete y el snob de los pintores; salvo cuando incursionó fugazmente en la técnica del mural en el año de 1942 al realizar una obra en las oficinas de turismo de Toluca, hoy biblioteca pública contigua al panteón municipal.

Después de lo anterior, espero que al entrar a unos de esos establecimientos de quinta con clientela de primera, donde venden bebidas mareadoras, se imaginen a Ernesto García abrir la puerta de par en par y gritar como en antaño hacía en “La Mundial” de la Calle Bucareli:

-Serafín!.. ¡Una Polla!… ¡Pero con dos huevos!

–Ah que el buen “Chango mayor”– era grande pero ya no está entre los mundanos. Quizá debería hacer un catálogo de epitafios, pero sólo les compartiré lo que escribió su amigo Juan José Tablada: De coñac siempre indigesto Ernesto. De noche como de día García. Verdugo del natural Cabral. Compadrito de arrabal, negrito y empomadado, que te den si no te han dado Ernesto Garcìa Cabral…

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