Música Raï/ medio oriente resiste y jade@

Crucé de París a Marsella en tres horas a la cadencia del TGV. La estación St. Charles era caótica e impúdica, digna del puerto más antiguo del viejo continente; de la ciudad de enaguas de mediterráneo y hermana de la Córcega azabache y arisca. Inmediatamente al llegar deambulé hasta el quartier de L´Opera donde preferí el argot del ex­convicto y dueño de L´téâtre sobre las goteras del hôtel Pavillón –sentido común, en diciembre nadie desea goteras en su cuarto –.

Durante los primeros días la bruma del Chateau D´íf –cárcel de antología donde se pudrieron cientos de humanos– atizó mi vista y el deseo de arrojarme sobre los farallones desde la autopista costera. Tenía los pies hechos jirones, era transparente de cuerpo completo y lloraba súbitamente al pasar por el mercado de pescado; anhelaba parirme y desvaneserme perpetuamente. Luego de una semana busqué una banca de madera en Vieux Port y las paredes del Pharo para beber vino de Chinon hasta las nueve de la noche; pródigas horas mirando,  y oliendo los mástiles recién pintados. Cuando decidía levantarme recorría la avenida Canebière, cinco, diez veces en medio de una telaraña eléctrica de marroquíes, argelinos, etíopes, turcos, árabes, vendedores de plátanos y traficantes de cigarrillos.

Llegó el momento que lamí el fondo y fue entonces que comencé a escuchar la música que provenía de los cafés magrebies; de los autos Mercedes Benz con rines cromados y calcomanías doradas de caballos del Sahara; de los baños públicos; del estadio Velódromo –donde el portero Fabián Bartés detuvo dos penales y anotó un gol para darle la victoria al Olympic´s en la Champions League; de donde salí ebrio como cualquier africain, como cualquier moro sin tierra– del supermercado; de la estación de bomberos; de los puestos de comida repletos de tournedos, kababs y turrones de Cádiz.

Creanme, escuchaba inmejorablemente los motores de las embarcaciones, las máquinas tragamonedas, mi pulso, el aceite regado en la mar azurra. Sentía como perneaba mis entrañas la música Raï: imponente, vital, gutural; levantando olas de Islam ecléctico y tolerante. Cheb Mami, Tarik, Cheik Fraoui, Luk Cherki, Zheva Ben, Amel Wahby, Takfarinas, Flen, Latif El Idrissi, Nabil, Lili Boniche, Araketú, Rachid Taha, Chalet, decenas más. Voces de tenacidad creativa, voces de inmigrantes, de los oscuros, del ilegal, de las prostitutas chimuelas y ladrones de euros. Así es, el Raï se reveló para nunca abandonar mis tímpanos, el alma que alberga un medio oriente que resiste y jadea, que trepa con tentáculos incontenibles las murallas de Europa y el mundo.

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3 respuestas a Música Raï/ medio oriente resiste y jade@

  1. Ana dijo:

    Las notas del piano y el acordeón suenan suave, lenta y rítmicamente, todo mundo pensaría que es una buena melodía francesa, de pronto la voz de Khaled irrumpe con tonalidades, matices y tesituras increíbles, el Islam esta presente, el cantejondo y el norte de África, la música Raï, todas se concretan es esta canción que aunque no se entienda porque su letra esta en árabe, anuncia, presupone un sentimiento increíble de diversos sentimientos humanos, el titulo es Mani-hani del disco Ya-Rayi, hice la copia en Mp.3 para compartirla pero ni así, en cuanto logre compactarla la envio.

    Saludos

  2. il.diavolo dijo:

    En lo personal recomiendo una recopilación muy buena y económica que se llama Legend du Raï.
    Especialemnte porque resalta la escena parisina del Raï.

  3. Ana dijo:

    La primera vez que escuché a Khales fue en un disco en que cantaba a dueto con Compay Segundo, allí hacia gala de una habilidad especial, lograr una fusión muy interesante entre el son cubano y la música nor africana.

    Inmediatamente me di a la tardea de buscar más música suya y como solista o con los otros dos Soles argelinos la música me gustó. Descubrí la música Räy y de allí fui descubriendo y redrescubriendo lo que había escuchado de música africana, ahora creo tener una visión muy general quizá, pero más cercana de la riquísima producción musical del mal llamado continente negro.
    Esa música es dolor, rabia semi contenida, fuerza, lucha. identidad, pasión y mchas otras cosa,s por ello quizá sea mi compañera tanto en moentos felicies como en los de añoranza, tristeza, esperanza.
    En estos ultimos días hay una canción que canta Khales y que es una muestra palpable de esta riqueza multicultural , no solo por la letra sino por el uso de diversos instrumentos. quieren saber a cual me refiero ? ya se los dire más tarde.

    Saludos y un abrazo fraterno

    Ana

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