Del Corán y Sonora para el mundo

¡No te hagas maje y tómate el jarabe! Gritan ansiosas algunas abuelas y otras no tan abuelas. Frase que podría pasar desapercibida si no recordamos que todos somos mestizos y que cada célula de la humanidad es heterogénea a causa de una orgía cósmica; donde la antimateria se aparea con toda nebulosa, planeta, luna y ser vivo que se le pone enfrente pues aquel enunciado encierra un patrimonio lingüístico de origen castellano, árabe y prehispánico

De las decenas de influencias que tiene el léxico de nuestro país, sólo me remitiré a dos: los árabes y los sonorenses. Los primeros, con la enorme influencia que tuvieron sobre España, su transmisión de conocimiento técnico, arquitectónico y en general de una cultura islámica en su momento más desarrollada que el cristianismo; generaron que hasta la fecha sobrevivan cerca de cuatro mil vocablos. Como ejemplo citaré unos pocos: albañil, aceite, adobe, alcahuete, alfombra, arroba, baño, barrio, berenjena, café, cafre, cubeta, chaleco, chisme, destartalado, elixir, embarazar, escabeche, fideo, fulano, gabán, guitarra, harén, hazaña, hola, jabalí, jarabe, jinete, joroba, latón, limón, marfil, mazmorra, místico, nácar, naranja, nenúfar, ojalá, paraíso, robo, rubia, sandia, sorbete, tabique, talco, tambor, taza, toronja, zaguán, zanahoria, zoquete, etc.

Los paisanos del norte, han creado una amalgama increíble, que conjuga vocablos de los pueblos indígenas cuyo  lenguaje es el cahíta, rama derivada del grupo yutoazteca, al cual pertenecen yaquis, coras y pimas  pueblos que han organizado múltiples rebeliones y participado en todos los movimientos armados desde el siglo XVIII  con modismos de las comunidades urbanas y en especial de extranjerismos que se explican fácilmente por la ubicación fronteriza de Sonora. Quién no ha escuchado alguna vez: argüende, aviada, bonche, boruca, botana, cacharpa, capirotada, cocolazos, chale, champurrado, chaparrastroso, chapo, chípili, cuico, diatiro, desenyerbar, embuchar, endenantes, fachas, fregadera, furris, guaguarear, huilo, inteligir, joroba, juir, labioso, leperada, lonchar, lurio, macuchi, maje, malobra, maloso, manadero.

Como se puede leer, no debemos olvidar que el lenguaje expresa un sinfín de sensibilidades y cosmovisiones; que crea o diluye la identidad de los que existimos y aquellos que ya no están. En la medida en la que reconozcamos el origen diverso de nuestros cuerpos, voces, deseos, sabores, sueños y pesadillas podremos construir una realidad tolerante e incluyente. Sólo en esa medida, nos reconoceremos en el espejo de la libertad y tendremos la oportunidad de ser auténticos, de ser selva, océano, desierto, sierra, musulmán, yaqui, cora, judío, europeo, cristiano, marroquí  o americano… law shaá Allah, ojalá.

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