Dos fotografías modernistas

A fines del siglo XIX, la Ciudad de México a pesar del autoritarismo porfiriano presentaba el clima propicio para la vida bohemia de poetas, músicos, novelistas y artistas plásticos. Eran los tiempos en los que en cada calle había uno o dos bares intermedios y en cada esquina había uno, a veces cuatro. Estos changarros de inspiración americana fueron el cuartel general de los batallones modernistas compuestos por Juan José Tablada, Manuel Gutiérrez Nájera, José Valenzuela, Justo Sierra, Díaz Mirón, José Othón, Balbino Dávalos, Efrén Rebolledo, Luis G. Urbina, Julio Ruelas, Carlos Chávez que hacían campaña en el entonces primer cuadro capitalino y las oficinas de la Revista Moderna.

El cronista Rubén Campos escribía al respecto: “La más regalada hora del día era la hora del bar. Todo era fraternidad, concordia, sentimientos que brotaban por el solo hecho de entrar al bar… desde el primer vaso de cerveza preguntaba el mozo qué bocado gustaba el señor que le fuera servido… volvía el criado con un platillo de ternera al horno o huachinango a la veracruzana, bocados que le eran obsequiados sin cobrarle nada por ellos, y a los que el bebedor correspondía con una propina espléndida”. De esa realidad efervescente habitada por lupulófagos, les comparto dos instantáneas:

Teatro Nacional, año 1898. Después de los estrenos de las óperas Otello y Falstaff, el empresario Napoleón Sienes montó La Bohemia de Puccini; la cual tenía poco tiempo de haber sido estrenada en la Scala de Milán. La noche de la función de gala, el lugar se encontraba abarrotado de bellas damas escotadas y enjoyadas para presenciar al maestro Golisciani el cual se llevó la ovación del público. Al término se bebió a discreción, las copas eran servidas y multiplicadas como por magia. En honor a aquella música “se bebía a raudales moscazo espumante y champaña… y los taponazos que golpeaban el techo eran como una salva al triunfo de la representación… pronto los artistas vueltos al traje de calle se unieron a los bebedores y todo eran congratulaciones… las ovaciones más estupendas de sus vidas de artista… una noche para consagrar una ópera tan hermosa como las obras de la edad de oro de bel canto italiano”.

Salón Bach, año 1900. “Cría querubes para el presidio y serafines para el burdel” sentenciaba Chava Díaz Mirón a manera de epigrama del mexican proletariado, mientras brindaba con José Othón quien acostumbraba beber Torreones bitter mezclado al tequila y aguardiente. Othón, poeta “de pecho rudo y rauco, ancho y recio, busto magnífico de una cabeza segada al rape, sólida y salvaje, donde ardía un pensamiento candente que fulminaba en unos ojos rampantes de locura abstraída” componía al aire estos versos: Quise entrar en tu alma, y ¡qué descenso! ¡qué andar por entre ruinas y entre fosas! ¡A fuerza de pensar en tales cosas me duele el pensamiento cuando pienso!

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2 respuestas a Dos fotografías modernistas

  1. Perravida dijo:

    Ahhh pss ya aclarado el asunto no digo mas 😉

  2. Perravida dijo:

    Me late que ya te estas autoreferenciando!!! la segunda “fotografía” ya te la había leido pero pss si esto es como un librillo de apuntes, pues felicidades…

    La primera pues esta increible la neta que de inmediato me imaginé los afiches que compré en el mercado de pulgas de la Roma!!! Todas esas bellas damitas con gran y elegante escote…HERMOSO

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