Tríos de antología

No todo viene en pares. El gordo y el flaco, Tarzán y Chita, Adán y Eva, Van Gogh y Lautrec, Hitler y Mussolini, Kalimán y Solín, el Ying y el Yang no son suficientes referencias para pretender que la vida o el caos se dividen en dos partes iguales y antagónicas. Lo tercero o el tercero, aunque siembren la discordia, permiten que las cosas se muevan en direcciones creativas e insospechadas. Por ello, he desarrollado un interés dominguero centrado -a excepción de los Panchos y los Dandys- en conocer más de algunas triadas surgidas de los más diversos ambientes de la convivencia humana. Les comparto algunas con el afán de que ustedes busquen dentro de si o en la acera de enfrente sus favoritas.

Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Max Roach. Músicos insólitos, que con algunos gramos de heroína, saxofón, trompeta y batería podían hacer Bebop a la velocidad de un caballo pura sangre. Jazzear de costa a costa de los Estados Unidos; del Savoy Ballroom del Harlem al Billy Berg´s de los Ángeles, California. La improvisación llevada a sus últimas consecuencias fue su modus vivendi; improvisaciones musicales que ametrallaban las avenidas de Nueva York y Europa. Ellos lograron turbar los sentidos de los melómanos del mundo y ponerles los pelos de punta a personas como José Vasconcelos -fundador de la Secretaría de Educación Pública en los años 20´s- quien los consideraba “negros que hacían música del diablo”. Válgame Don Josecito.

 

El Solitario, Blue Demon y el Santo. Eruditos del pancracio; valientes contra los malos, galantes con las damas y tiernos con los niños. Enmascarados que realizaron infinidad de proezas atléticas y cinematográficas; venciendo por igual a grandes luchadores, gánsteres, zombis, mujeres vampiro -¡oscuras vampiresas en baby doll!- licántropos, científicos diabólicos, momias aztecas, marcianos, hombres de las cavernas, muñecos de cera y botargas de felpa. Inigualables en las coreografías gimnásticas de alta precisión, en las que combinaban llaves y lances como la quebradora, la tapatía de Rito Romero, el martinete, el tope suicida, la voladora, el pulpo, la filomena, la estaca, la Huracarana, la valageza, la carreta lagunera, la zafarina, la cruceta en las piernas, la mecedora entre muchas más.

 

Por ultimo, pero no menos irrelevante: William Burroughs, John Fante y Charles Bukowski. Muchachos rudos. Escritores natos de su siglo. Fluidos de narrativa y violentos de lenguaje. A través de sus cartas, novelas, poemas y guiones para cine descubrimos una realidad sórdida en la que se impone lo inmediato; las necesidades carnales, un inagotable vitalidad y espíritu de pelear a puño limpio en callejones llenos de borrachos, yonquis y prostitutas. Pero también una realidad llena de claridad, frescura, sentimientos expuestos, humor y sencillez. Literatos que escribían con las vísceras expuestas, un poco de escepticismo por la humanidad y gran entusiasmo por la morfina, las mujeres y la cerveza. Sobra decir que este trío es de mis preferidos.

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