Dragones en technicolor

La segunda ocasión que vi a un héroe de película, fue a través de una videocasetera βeta –ahora todo es beta, desde el messenger hasta una ojiva nuclear fabricada en Tepis o Kazajstán–. Su historia no comenzaba como todo policía neoyorquino o pistolero del viejo oeste; comenzaba con la dinastía Tang y terminaba cientos de patillas postizas, telas chillonas, espadas, patadas y kilómetros de látex después. Mi héroe era chino y practicaba las artes marciales como nadie. Su nombre no lo recuerdo, pero quedé impresionado hasta el tuétano.

Cómo no hacerlo. En los largometrajes de los géneros del kung fu y wuxia pian, la persuasión se impone: mujeres y hombres menudos realizando vuelos acrobáticos; tienen ritmo, giros, danza, golpes mortíferos que parecen simples caricias felinas. Humanos invencibles, para quienes lo imposible y la injusticia es un absurdo. Sus vidas están llenas de fantasía mística, estoicismo, honor y libertad ganada a puñetazos. Son maestros y hermanos inseparables de los desposeídos y victimas del poder corruptor de los gobernantes. Pelean para que nunca sea necesario volver a luchar.

Quizá debí aficionarme por otra vertiente del cine oriental. Posiblemente fuese más rentable para mi deformación estética, mirar películas hechas en Filipinas, Indonesia o la China peninsular como Lluvia por la tarde, La leyenda de las montañas Tianyun o la de Ciudad de Hibisco. Pude mirar lo que la sexta generación de directores chinos con su perspectiva individualista y anti romántica creó con las cenizas del comunismo. Pero no, preferí las producciones fascinantemente decadentes de Taiwan y Hong Kong, entre las que destacan por sus elementos kitsch, solamente comparables con las grandes producciones del cine de luchadores: La casa de los cinco venenos, Los siete jinetes o la excelsa historia plasmada en La orilla de las aguas del director Chang Che y entrañables actores como Ti lung, Lily Ho, Chin Feng, Yueh Hau y David Chiang.

Mención aparte merecen la trilogía de Los monjes del Templo Shaolin (1979) y la serie de cuatro entregas de El honor de un guerrero (1991 a 1997), protagonizadas por el shifu Li Lian Jie (Jet Li). Creaciones llenas de elegancia en las secuencias de pelea y argumentos en contra de los imperios que amenazaron en su momento al pueblo chino: Inglaterra, Japón y Estados Unidos –curiosamente a los gringos les encantan-.

Afortunadamente, en la actualidad el género wuxia pian cobró nuevos bríos con el ascenso de la economía del país oriental y se comenzó a producir en la península con espectaculares resultados. De este proceso podemos resaltar banquetes visuales occidentalizados como: El tigre y el dragón, La casa de los cuchillos voladores, Héroe, La maldición de la flor dorada y singulares antologías del puntapié como El peleador y la surrealista Kung Fu Hustle de Stephen Chow. De lo que no queda duda, es que el cine chino esta en ascenso y se consolidará internacionalmente. Que vemos y veremos combinaciones únicas de tradición, modernidad, sofisticación y elementalidad en su discurso visual y narrativo; que presenciaremos como el dragón, por fin despierta de un largo invierno y engulle entero lo que hasta el momento hemos conocido.

 

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3 respuestas a Dragones en technicolor

  1. Perravida dijo:

    No pos desde ese punto de vista pues sì tienes razòn…es harina de otro costal…

    Pero esta extraña seducciòn que ha tenido el cine chino sobre el yanqui se ve reflejadìsimo en Kill Bill por ejemplo, donde el sable esta repleto de simbolismos no solo como arma, sino como poseedor de un espìritu propio, rodeado de ese misticismo tan particular de la cultura china.

    Podemos ver a la güerita Uma haciendo desplantes de guerrera, particularmente me agrada el escenario de la nieve en donde le corta el cerebro a su archienemiga con dicho sable…las tomas de Tarantino tienen muchìsima influencia del Tigre y el Dragon y de El Templo Shaolin, hasta èl lo ha reconocido…

    Creo que la belleza y la espiritualidad de lo oriental es lo que nos seduce, a mì en lo particular me encantan las telas, el colorido, los dragones, las muñecas, las leyendas…

    Muy buen post diablito.
    🙂

  2. il.diavolo dijo:

    Cierto que Lee, era muy bueno en la práctica de artes marciales, sin embargo le entr´a otro lenguaje cinematográfico. En sus películas no se aprecia el manejo de las armas clásicas del Wushu, que son el sable, la espada, la vara y la lanza o a individuos que son espiritus sobrenaturales y que pelean suspendidos en mediode un abismo. Por estas razones no mecioné a Bruce, el es harina de otro costal.

  3. Perravida dijo:

    Que pasó mi diablito? Por que no mencionó al maestrazo de Bruce Lee? que si bien es cierto que en los estados unidos ni quien lo pelara en sus inicios, tuvo que regresar a su pretérita patria para volver a seducir el cine yanqui.

    En lo particular me encanta Lee y todas sus películas!!! por cierto inició una nueva técnica de pelea y sus movimientos eran tan rápido que tenían que filmar y editar no en tiempo real sino en una especie de cámara lenta -no recuerdo el término cinematografico-

    Ya viste LA LEYENDA DEL DRAGON? bueno hartos saludos desde acá este donde estés.

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