Decó, Art Decó

Vértigo. Desde que era un petite enfant siento una especie de vértigo y fascinación cuando estoy frente a un edificio con arquitectura Art Decó. Tengo varias razones –cualquier manifestación estética de dicho movimiento me produce una atracción instantánea- entre ellas están el recuerdo que me dejó la película Metrópolis de Fritz Lang, sencillamente quedé anonadado; la literatura de Henry Miller; las visitas frecuentes al Palacio de Bellas Artes y la superficialidad que en ocasiones asalta cada esquina de mi pensamiento.

Incluso, puedo mencionar que el movimiento Decó es de mis preferidos. Refleja el eclecticismo –enfermedad que me aqueja- de una época muy creativa del arte en la arquitectura, el diseño industrial y la moda: los inicios del siglo XX. Sé que algunos sociólogos consideran que carece de “raíces o intenciones políticas o filosóficas”, de que es una “expresión decorativa y burguesa”, pero es claro que tiene una identidad propia y fusionó como un acorde perfecto estilos de vanguardia tan disímbolos como el bauhaus, el cubismo, el futurismo y el Art Nouveau del que evolucionó.

Cuando observo edificios Art decó, brinca a mis ojos la fuerza vital y la intención de las generaciones que pasaron la mayor parte del tiempo en guerra por crear nuevas formas; el viejo culto fálico, la simetría, la elegancia de las formas y la invasión de líneas aerodinámicas. Incluso me dan ganas de deslizarme como si fuese un río de Martini sobre las paredes, escaleras y columnas decoradas con materiales insospechados: aluminio, piel de tiburón, acero inoxidable, laca o madera embutida; rebotar como ondas sonoras de un buen jazz entre las paredes de Chicago, Boston, Nueva York, del centro histórico de la ciudad de México, de la Condesa, la Hipódromo o de la Roma –especialmente entre aquellos edificios construidos en el periodo del llamado “nacionalismo mexicano”-.

Reacciones similares, me produce mirar la tipografía de las publicaciones y anuncios comerciales; las portadas que el Changuito Cabral realizó para la Revista de Revistas; ciertas obras pictóricas de Ángel Zarraga, Tamara de Lempicka, Diego Rivera, Miguel Covarrubias, Fermín Revueltas, Gabriel F. Ledesma, Francisco Gutiérrez, Carlos Mérida. Montenegro, Camarena, O’gorman, Tamayo, El corcito, Carlos Tejeda; las fotografías de Tina Modotti; la parrilla de un Roll royce convertible modelo 1936; el diseño de joyas, muebles puertas y herrería o los programas de las obras presentadas en el Teatro Lírico.

Una vez confesado esta pequeña filia -la cual espero no desate la irritación de los amantes de lo ajeno, puristas de la crítica educada, seguidores acérrimos del arte colonial o expresiones de “profundo compromiso social”- deseo que se permitan seducir por el Art Decó. Es más sencillo de lo que parece. En muchas ciudades existen reminiscencias de él, sólo hay que detenerse de vez en cuando y observar alrededor. Quizá cuando lo identifiquen también se sientan como río que fluye desde lo más profundo de su ego y los haga cometer una vez al día, todo tipo de actos frívolos, ornamentales y placenteros. Suerte.

Interior del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México

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3 respuestas a Decó, Art Decó

  1. Diego Garciarivas dijo:

    Al respecto les recomeindo dos libros, “Una puerta al Art Decó” editado por la UNAM y otro que sencillamente se titula “Art Decó”, libro que fue editado como parte de una bella exposición que se realizaó en el MUNAL. Muy recomendables, el segundo se consigue en las librerías del propio museo o de Conaculta.

  2. Ana dijo:

    Mil gracias por el regalo, y digo ésto porque como te dije en otra ocasión, tienes la capacidad de desencadenar procesos, recuerdos, analogías etc.
    Que escribas acerca del Arte Decó y al mismo tiempo de Metropolis es poner a uno en dos orbitas interesantes pero muy amplias en si mismas. Por ello rsspondo al tema de Metropolis en donde compete y aquí solo me referire al Art Decó.
    Totalmete de acuedo contigo en que fue una manifestación artística bella, interesante y propositiva. Para el perido de inter guerras era la postura de vanguardia, la de la libertad total y si bien el art nouveau era su antecedente, fue solo por la temporalidad, no por las características.
    El Decó propuso la combinación de materiales, como lo señalas, la iluminación indirecta, las líneas rectas, el exotismo en la decoración y de manera general el eclecticismo.
    Confiesas esta filia y supones puede haber detractores, es verdad que los hay en el arte como en todos los aspectos de la vida, para ellos hay solo una forma de ver y entender el mundo, la suya, y depués nos quejamos del autoritarismo , el desconocimeintos de los otros y una serie de características de la vida nacional.
    Sin embargo para aquellos que crean polémica sin tener elementos de explicación creo sería conveniente leyeran el capitulo El Laberinto Latinoamericano de Octavio Iannhi que se localiza en el texto de Bonfil Batalla ” Hacia nuevos modelos de Relaciones nterculturales que editó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
    En él Ianni hace un análisis del desarrollo de la cultura de América Latina y cuales han sido los modelos de occidentalización, lo que quiero retomar ahora es que precisamente una de las características fundamentales ha sido el eclecticismo, así que no andas perdido, y los que crean el el purismo, pues lastima, tienen que leer bastante.
    Por otro lado creo que no pudiete encontrar mejor ejemplo que el interior del Palacio de Bellas Artes, es antojable el sentir los materiales, el pasar la mano por la pulida pared de mármol rojo veteado llevado de Guerrero, sobre la brillante superficie de los negros escalones , sobre las largas tiras de latón que adosadas a las columnas rematan en unas increíbles esculturas, también en latón y que representan a Chac, dios maya del agua, la representación de esta deidad con su amplia naríz ascendente como buscando el cielo.
    Se retomaron otros elementos decoraticos autóctonos en especial mayas en combinación con los materiales más ” adelantados” de la época y como dice en todas las ciudades del país existen ejemplos, por desgracia muchos de ellos ahora abandonados, en malas condiciones y sin que importen de manera importante a los encargados de la politica cultural estatal, mucho menos a los ciudadanos y es verdaderamente lamentable

  3. Perra dijo:

    Me agrada muchísimo la arquitectura , pero más aun la joyería, la fotografía…los carteles de las películas son hermosísimos tengo uno de Mae West que es simplemente seductor…

    P.D. Aún guardo aquel pedacito de Metropolis que me enviaste… 🙂 a mi tambien me gusta mucho esa peli.

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