La insoportable levedad de la violencia

n el principio era el Verbo y el Verbo se hizo garrote y comenzó a apalearnos. Seguramente así inició la teología de la violencia que ha guiado al ser humano desde los días del homo sapiens hasta los del homo videns.

En nuestras vidas hay pocos momentos en los que la violencia no haga su aparición –en la mía aparece con la constancia de un spot contra la privatización de Pemex-. Es tan recurrente que se ha conformado en un lenguaje internacional, que lo mismo es utilizado en la educación temprana, la escuela, la familia, el trabajo, el arte, la vida económica, política e intelectual. Por ello, me daré a la tarea baladí de escribir sobre algunas implicaciones del uso, abuso y ausencia de la violencia que nos afectan de manera directa.

Comenzaré por asumir una postura ante la violencia, respondiendo a una pregunta muy sencilla ¿Puede sostenerse que la violencia es intrínsicamente mala? En mi opinión la respuesta es no; ello responde a dos cosas: no hay evidencias de que exista un rompimiento absoluto entre la razón y la violencia; asimismo, no deseo caer en las contradicciones de pensamiento y conducta en la que incurren aquellos que elaboran discursos condenatorios contra la violencia cuando en su vida diaria se comportan de forma injustificadamente violenta.

Quizá algunos ejemplos basten para salvar mi pellejo contra los que a estas alturas desean aplicarme un correctivo: la violencia es “éticamente neutral” cuando se ejerce en movimientos de liberación nacional o racial violentos (Sudáfrica), de guerras justas; sería irracional no actuar en contra el terrorismo de Estado que ha caracterizado a las naciones latinoamericanas: desapariciones, campañas de intimidación, asesinatos sin investigaciones, golpizas, presos políticos, cárceles clandestinas o el etnocidio.

Ahora bien, si partimos de que la violencia se puede ejercer de manera institucionalizada, no institucionalizada, justificada o injustificada; esto nos lleva a plantearnos que ésta se puede evaluar mediante un examen de sus consecuencias y sus aplicaciones, pues lo problemático de la violencia procede de su dosificación y su empleo equivocado, la relación que existe entre violencia e irracionalidad, pero aquí surgen dos interrogantes ¿Cómo se mide la racionalidad de la violencia de alguien? ¿De qué depende que, cuando se actúa violentamente, se sea racional o no?

A manera de respuesta con trampa –no sé por qué me meto a escribir de esto-, podríamos partir de otra afirmación: la violencia es un mecanismo, al que continuamente se recurre para resolver conflictos; los cuales “no se pueden superar por medio de palabras porque lo que está en juego no son ideas, puntos de vista, teorías, sino intereses vitales objetivos ¿cómo se procede entonces? Se recurre a la violencia”. Sin embargo, si bien ésta nos permite resolver un conflicto que se nos presenta en un momento determinado, invariablemente provoca que surjan otros. Por ello, su utilización debe tener que ver más con las potenciales consecuencias de su empleo desmedido o utilización precipitada.

El mejor caso para ejemplificar lo anterior es nuestro país. Históricamente los gobiernos emanados de los partidos políticos tradicionales han ejercido la violencia económica, política, física y cultural de manera institucionalizada e irracional; sus reacciones ante lo movimientos sociales y contraculturales no son en su mayoría reconocidos como ilegítimos y demuestran una clara “desmesura” y precipitación. Casos hay cientos, pero para no quedarme con las ganas, enumeraré algunos que no necesariamente se suscitaron de manera cronológica: Aguas Blancas, 2 de octubre de 1968, Chiapas, el “error de diciembre” de 1994, el fraude electoral de 1988, Lucio Cabañas, Colosio, el “halconazo” de 1971, los mineros de Pasta de Conchos, Atenco, etc.

¿Pero qué pasa con el uso institucional, justificado y racional de la violencia que se podría ejercer contra el narcotráfico o el crimen organizado? De eso nada. En sustitución, a manera de cubrir las causas reales de tal situación (corrupción de gobernantes, legisladores, iglesia, fuerzas de seguridad pública y ejército, entre muchas), se nos receta una inyección de manipulación que pretende llevar a las personas a no distinguir entre la realidad y la ficción: “Estamos ganando la guerra contra el narcotráfico aunque no lo parezca”, “Debido a estrategias de propaganda, el narcotráfico ha generado uan percepción de que existe una escalada de violencia en el país” –¡ah canijo! que aprovechen los futuros candidatos, los narcos ya extendieron su giro a la propaganda y la creación de realidades ad hoc-.

Otro fenómeno destacable que no sólo se suscita en México y que tiene que ver con la violencia, es su trivialización. Es evidente que siempre han existido las conductas violentas, sin embargo, hoy se tiene mayor acceso a recursos tecnológicos o de poder para observarla o ejercerla –aunque no estoy de acuerdo que a una mayor exposición visual a ella, necesariamente conduzca a mayores niveles de violencia-. Algunas de las razones de esta “trivialización” pueden ser: el modelo único de la globalización que elimina las alternativas políticas y culturales, el capitalismo salvaje y la descomposición social que produce; lo que ha conformando un “caldo de cultivo” propicio para que los ciudadanos interioricen la violencia irracional y eleven su umbral de lo soportable.

Parece ser, por lo anterior, que los mexicanos nos hemos habituado a la violencia irracional y a escenas antes simplemente intolerables. Resulta muy pertinente hacernos una pregunta y respondernos en lo individual y colectivo ¿Nuestra sociedad neutraliza o evade la fuerza moral de las imágenes de atrocidades cometidas en contra del ser humano? ¿Cómo reaccionamos ante éstas imágenes y la lógica de los que detentan el poder? ¿Qué hacemos para evitar el uso de la violencia irracional y desmesurada en nuestro propio núcleo social y familiar? Si no se lo habían preguntado háganlo, yo ya comencé a hacerlo.

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6 respuestas a La insoportable levedad de la violencia

  1. Perravida dijo:

    ESte comentario es para recomendar la pelicula NO MATARAS de Kieslovski, en donde se discute ampliamente la relatividad de las penas tanto corporeas como legales…plantea inicialmente la idea de que MATAR es un hecho horrendo pero lo mismo mata el criminal que la justicia cuando electrocutan al condenado y cuando lo cuelgan…es una pelicula fenomenal y viene dentro de la coleccion DECALOGO…para los cinefilos digo.

    Muchos besos

  2. Perravida dijo:

    recomiendo ampliamente la canción de Leonard Cohen “Everybody knows” el link aqui:

  3. Perravida dijo:

    Ahhh soy medio bruta me volé el link 🙂
    Pero comparto con ustedes el asunto que plantea foucault:

    El libro de Vigilar y Castigar hace un repaso histórico del uso de la violencia y que como bien se plantea en este blog, comienza tal vez desde que el hombre es hombre.

    LA primera parte habla del castigo sobre el cuerpo muy usado en la edad media, y se narra el caso de Damiens, un hombre que fue condenado el 2 de marzo de 1757 a “pública retractación ante la puerta principal de París de la Iglesia de París” “donde debía ser llevado en una carretilla desnudo, y ahí le llevarían sobre un cadalso donde le atenazarían las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha quemada con fuego de azufre, (puesto con esa mano había cometido el crimen), y sobre las partes atenazadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiendo, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento”.
    ¡Que bonito, yo creo que los “judas” en México disfrutarían ampliamente de este texto! -espero que se note mi sarcasmo-

    Luego Foucault nos describe con lujo de detalles los “errores” para ejercer los castigos que en ese entonces pues eran principalmente sobre el cuerpo , como por ejemplo los caballos que nos estaban acostumbrados a jalar pues les ahorraban un poquito el trabajo cortando los nervios y rompieron a hachazos las coyunturas de Demiens para que los caballos pudieran desmembrarle…. El papel del pueblo en este caso es ambiguo, por un lado se llama como espectador, ser testigo es un derecho que el pueblo reivindica, muchas veces el pueblo acompaña el suplicio con gritos e insultos al condenado, pero otras muchas, debido al horror y a la atrocidad de los suplicios, el pueblo apoya al condenado.

    Entonces aquí caemos en la contradicción que ya planteas, la excesiva exposición a la violencia te hace reproducirla? Yo creo que no, y tampoco creo que la “toleres” o la “trivialices”, la violencia es violencia siempre carajo, al menos para el que se concidere aún un “ser humano”, no creo que seamos monstruos.

    Entre el siglo XVIII y XIX el cuerpo dejo de lacerarse , ahora la “moda” era la privación de libertad, como podía ser la reclusión, los trabajos forzados, la deportación, penas que recaen directamente sobre el cuerpo, pero a un nivel más psicológico que físico, podría decirse que el castigo recae más sobre el alma que sobre el cuerpo.

    No olvidemos tampoco aquí que “si el pueblo se acostumbra a ver correr la sangre, pronto aprenderá que no puede vengarse si no corre sangre”. Esto ya aplicado a nuestro caotico país, pues nos encontramos con situaciones tan sangrientas como las ejecuciones de Elizalde o la del líder de K-PAz por decir algun ejemplo. ¿Que me dicen del famosísimo “canival” poeta y hasta seductor?

    El castigo entonces se puede ver como una “conjunción entre la lucha contra el sobrepoder del soberano y la lucha contra el infrapoder de los ilegalismos conquistados y tolerados”.

    El cuerpo humano nos dice Foucault entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone, es una anatomía política que es igualmente una mecánica del poder, define como se puede hacer presa en el cuerpo de los demás, no simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina.
    El E stado Mexicano ha aprendido a pie juntillas de esto, mas bien todo Latinoamérica, como bien lo dices en tu ensayo.

    Para ello la disciplina se convierte en una pieza fundamental, aparte del control de la actividad que procede ante todo a la distribución de los individuos en el espacio, y para ello propone varias técnicas:
    • Clausura: en los colegios el modelo de convento se impone poco a poco, el internado aparece como el régimen de educación más frecuente, pero este principio no es constante ni indispensable “ a cada individuo su lugar; y en cada emplazamiento un individuo”
    • El empleo del tiempo: se busca sobre todo asegurar la calidad del tiempo empleado
    • El establecimiento de correlación del cuerpo y del gesto: El control disciplinario no consiste sólo en enseñar o imponer una serie de gestos definidos; impone la mejor relación entre un gesto y la actitud global del cuerpo, que es su condición de eficacia y de rapidez . En el buen empleo del cuerpo que permite un buen empleo del tiempo nada debe permanecer ocioso o inútil.
    • La utilización exhaustiva: El empleo del tiempo debía conjugar el peligro de derrocharlo , falta de moral y falta de honradez económica , se trata de extraer del tiempo cada vez más instantes disponibles, se enseña la rapidez como una virtud.

    Bueno hasta aqui le dejo porque ya me aventé un mega choro. Mil besos y felicidades por el texto es mucho mas complejo de lo que yo me esperaba.

  4. Diego Garciarivas dijo:

    No pues si lo ampliara tendrìa que hacer una tesis o un esnsayo y creo que va màs haya de la intención de “Los motivos de la marea”, pues no se constituye expresamente como un espacio académico, pero se aceptan toda clase de contribuciones, si deseas compartir suscintamente lo que se plantea en Vigilar y Castigar estraría muy bien.

  5. Perravida dijo:

    Supongo que vas a ampliar el texto pues solo tocaste la puntita de una hebra INMENSA.
    Bueno te recomiento el libro de VIGILAR Y CASTIGAR de Foucault Aqui el link:

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