La obediente patria

Acto primero. La escena se desarrolla en la plaza principal de la ciudad de Oaxaca, el día 15 de septiembre. Llovizna ligeramente. Los balcones del palacio municipal lucen impecables y con una discreta iluminación. Sobre ellos se posan funcionarios de “primerísimo nivel” con sus respectivas esposas, todos parecen animados y ríen ruidosamente, casi todos llevan en la mano lo que evidentemente es whiskie en las rocas y tequila doble. Al gobernador le gusta lo bueno a sus funcionarios también, algunos visten con trajes Ermenegildo Zegna, las esposas con juveniles conjuntos Verssace. La hora de dar el grito de independencia se acerca y algún asesor se percata del buen rato que se están dando en los balcones; mandan esconder los vasos y todos dejan de fumar. Los de abajo observan con ojos aburridos y se mojan.

Cerca de las 11 de la noche comienza un desfile de escoltas. Cuando termina aparece el Gobernador sobre el balcón principal y empieza la rechifla. Éste visiblemente molesto se apresura a leer con voz titubeante una tarjeta que hay sobre el atril.

̶-Vivan los héroes que nos dieron Patria

-¡Vivan! Responden débilmente los asistentes.

La retahíla sigue pero no menciona a ningún protagonista de la independencia –quizá no concluyó la primaria-. Termina con tres ¡viva México! La concurrencia parece reaccionar, empieza una “guerrita de espuma” y después se apresta a entonar el himno nacional al compás que les marca la “Señorita fiestas patrias”. Los castillos de fuegos artificiales causan expectación a niños y turistas; llega el momento pero las mechas no prenden, un temerario intenta prenderlas con un cigarro, el mismo resultado. Nuevamente la rechifla aflora y una señora grita con atino –trinche gober, a ver si para la otra no compras cohetes pirata. Ante las protestas, en los balcones se encojen de hombros mientras los de abajo se siguen mojando. La escena se repite a lo largo de todo el país.

Acto segundo. “Más México en el mundo, más mundo en México”, es la frase de moda del sexenio y los empresarios. El límite se disuelve. El Preciso la utiliza casi en todos sus discursos frente a diplomáticos extranjeros y constituye el punto neurálgico de la publicidad de una conocida marca de cerveza –Corona, los que van seguido al cine sabrán a lo que me refiero-. Claro, Calderón al igual que a Zedillo le gusta echarse su chelita de vez en cuando. Salud por el patrocinador oficial. Son tiempos de nacionalismos ad hoc que pueden tomarse con bebidas a base de malta, lúpulo y cebada. De pequeño me tocó presenciar un nacionalismo prehistórico, inexcusable, fetichista y salvaje. Algunas veces fui tildado de “malinchista”. Nada ha cambiado, razones hay decenas.

Quizá de las primeras, es que la historia de nuestro país comenzó trágicamente, plagada de verdades a medias, malos entendidos y mentiras por encargo. Un ejemplo: el origen de Malinche. Juan Miralles nos pone sobre aviso al diseccionar La verdadera historia de la conquista de la Nueva España:

Así lo escribió Bernal: “Llamaban a Cortés Malinche, y así lo nombraré de aquí en adelante, Malinche, en todas las pláticas que tuviéramos con cualesquier indios; así de esta provincia como de la ciudad de México, y no lo nombraré cortés sino en parte convenga. Y la causa de haberle puesto este nombre es como doña Marina (hablaba) nuestra lengua, estaba siempre en su compañía, especial cuando venían embajadores o pláticas de caciques, y ella lo declaraba en lengua mexicana, por esta causa le llamaban a Cortés capitán de marina y para más breve le llamaron malinche”. Miralles lanza una hipótesis: “al no existir en náhuatl el fonema erre, los caciques no podían pronunciar el nombre de cortés, así que hacían un rodeo diciendo el señor capitán que acompaña a la señora Malitzin, lo cual a oídos españoles sonó como Malinche”. ¿Quienes o qué somos los malinchistas pues?

Acto tercero. Las escenas se desarrollan sexenio a sexenio. El asunto de los “nacionalismos” no es nuevo. Hoy, es medianamente barato ser muy mexicano: 20 varitos una bandera tricolor, 10 una lata de espuma, 69 un rehilete tamaño familiar, 35 una matraca de tonos fatigados, 80 una antena de conejo para ver los partidos de la selección nacional de fútbol en televisión abierta. Con 150 morlacos podemos perpetuar el México matraquero e ingenuo, la guerra de reforma, la revolución, el levantamiento zapatista, el cardenismo, los desfiles cívico deportivos, los McDonalls en edificios históricos, las playas privadas sobre litorales de la nación. Pero, no siempre y no en todas partes ha sido así.

Obviando los estudios sesudos que sobre el tema han realizado Roger Bartra, Ricardo Pozas, Antonio Caso, Samuel Ramos, Octavio Paz, etc., etc. podemos identificar que el nacionalismo en otras tierras se ha vinculado a distintos procesos sociales e históricos. Quizá el ejemplo más importante lo constituye la Revolución francesa, la cual fue uno de los detonadores –asociado con realidades políticas particulares de los países como movimientos étnicos autonomistas y culturales- para que se diseminara el asunto de los “nacionalismos” a todo el mundo. Pero ¿Qué sucede en América Latina y México con el nacionalismo? Sencillo: el nacionalismo casi siempre ha sido un instrumento del Estado.

¿Quién no recuerda los anuncios de Solidaridad, a López Portillo gritando con lágrimas en los ojos que iba a defender el peso “como un perro”, a Vicente Fox entregando a su hija un cuadro de la Virgen de Guadalupe para festejar su triunfo electoral, a Ernesto Zedillo tirando penales “para que vean que si se puede”, los informes de gobierno de tintes faraónicos? Todo se puede maquinar, sólo basta ganar las elecciones, cifras millonarias para spots, un discurso engañoso plagado de exaltaciones a los valores de los “verdaderos mexicanos”: sentirse argullosos de la selección nacional, de los colores de la bandera, de los grandes deportistas que tenemos, de ser bien tequileros y entrones para el trompo. ¿Por qué ha aumentado en los últimos años (del 50 al 75%) el “sentimiento de orgullo” por ser mexicano y el reconocimiento al gobierno? Porque es un traje a la medida, un traje que engalana a cualquier político.

Acto final. Las calles brillan como si estuvieran sebosas. Sobre una de las pilas de basura que hay amontonadas en la esquina una niña recoge latas de aluminio. Trae un vestido sucio y la cara pintada con los colores patrios. Cuando paso a su lado me sonríe y yo me parto en dos, trato de fingir felicidad y le sonrío, sigo mi camino mientras recuerdo una frase de Monsiváis: ¡Viva el México que nos queda!

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2 respuestas a La obediente patria

  1. tomas dijo:

    Hay distintas clases de nacionalismo, hay distintas clases de patriotismos, las circunstancias parten las visiones, y me parce que la patria es de quien la quiera adoptar, y la fiesta no es mas que una excusa para vernos, en una calle sebosa, o desde el balcón que resguarda la historia, con una latita o con un pulcro servicio, veo que al final es inercia, todo sucede, la suerte es poder estar en ambas partes: abajo y arriba, ser parte de un todo, pues solo así puedes defender lo que es tuyo, solo así lo puedes llegar a comprender a entender, allí esta lo difícil…

  2. ambar amarillo dijo:

    La celebración de las ” fistas patrias” ha sido siempre una verdadera tomada de pelo, la patria de quién? claro que de los que celebran como tu dices, enfundados en modelos de marca, tomando bebidas de primer mundo y sabrosamente apoltronados en espacios adecuados a su buen vivir pero desafortunadamente nuestra ignorancia es tal que quienes más ” celebran” son aquellos a quienes ” la patria” ha dado migajas ,pero además lo hacen con un sentimiento en verdad ” genuino”
    y lo pongo así porque yo me pregunto que tan profundo sentimiento patriótico y nacionalista tien un mexicano que muestra su adhesión identitaria con pintarse el rostro, ponerse un sombrero estrafalario y disparar a distra y siniestra? no sería lógico que el nacionalismo se muestre luchando por la no privatización del petróleo, por impedir que se esté privatizando cada vez mas aceleradamente la educación, porque las zonas arquológicas no esten en manos de grupos corporativos trasnacionales?
    Pero no, ésto sería desde la perspectiva del poder, precisamente lo contrario, ser anti nacionalista y enemigo del pueblo de México, se les hacen conocidos estos argumentos?

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