The war is over

Encabezado de primera plana, título de canción roquera, afán insatisfecho, frase publicitaria: La guerra terminó, The war is over, La fine de la guerre. Estamos tan inmersos en la lógica de las grandes cruzadas contra el enemigo –aunque nadie diga con exactitud quien sea -que perdemos de vista que el fenómeno de la guerra nos ha seguido como perro hambriento tras una chuleta a lo largo del desarrollo cultural de todas las civilizaciones a pesar de los vaticinios más optimistas ¿por qué?

Lo que sin duda ha cambiado, es la manera en la que se practica, sus motivaciones y consecuencias a tal grado que su concepto ha sufrido tantas modificaciones que se adapta perfectamente a nuestra “visión posmoderna”. Hemos transitado de las guerras rituales a las cibernéticas; del uso del cuerpo a los virus informáticos. Veamos cómo y por qué sucedió, en qué nos afecta.

Concentrémonos en occidente –pues la manera oriental de la guerra tiene una complejidad que amerita un texto independiente-. Las guerras primitivas generalmente consistían en incursiones a territorios enemigos, lo que implicaba más un amedrentamiento que una confrontación real. Fue con los griegos cuando se desarrolló una cultura bélica de la batalla decisiva, en donde el objetivo final era la rendición total del enemigo. Se comienzan a aplicar la estrategia y la táctica, el orden militar, códigos de honor y “lógicas de batalla” como el uso de falanges: largas líneas formadas por hoplitas armados con escudos –de ahí su nombre hoplon-escudo- lanzas y espadas. Lo que caracterizaba a estos nacientes ejércitos es que sus integrantes eran ciudadanos de la polis; siendo que les correspondía una importancia política en proporción a su desempeño militar.

En contraposición a estos soldados-ciudadanos, quienes eran dueños de tierras y generalmente padres de familia estaban las milicias profesionales del imperio romano; las cuales se encargaron de establecer los cimientos de la “forma occidental” de hacer la guerra y con ello el inicio del colonialismo sobre poblaciones en donde no existía la práctica de la guerra de exterminio; la invasión de nuevos territorios con el afán de buscar lo que actualmente conocemos con el concepto de “espacio vital”. Se abandona para siempre el carácter ritual y de defensa legítima para sobreponer el carácter político y económico de las confrontaciones militares.

Cuenta de esta “praxis”, la podemos encontrar desde Alejandro Magno hasta las guerras prusianas del siglo XIX; perfectamente descrita por Maquiavelo en el Renacimiento y Claussewitz en la era moderna. Maquiavelo en el “El arte de la Guerra” –no confundir con la obra de Sun Tzu- hace una revisión melancólica de aquello ejércitos griegos y hacía patente el problema que suscitaba basar las fuerzas armadas en simple mercenarios, los cuales podían cambiar de bando en todo momento y no garantizaban al soberano lealtad y por tanto, poner en duda el futuro del reino.

La aparición de soldados cada vez más preparados, más especializados y el desarrollo de tecnologías permitieron la aparición de ejércitos nacionales y con ello a los estados modernos, “que reclutaron los soldados entre la población capacitada”. A consecuencia de este proceso y el fenómeno de las Revoluciones populares en contra de las monarquías, los ejércitos se convirtieron en grandes movilizaciones de masas. Ejemplo de ello, es el ejército francés, el cual pasó de estar involucrado en guerras entre las dinastías que discutían la corona a la confrontación entre los pueblos implicados, haciendo obligatorio el reclutamiento; el ciudadano se convertía de facto en defensor de los principios de fraternidad, libertad e igualdad, otorgando un sentido al sacrificio al que estaban dispuestos o no, los soldados. Como dijo entonces Claussewitz, “la guerra, por su naturaleza y por la manera en que  implica a los pueblos, representaba la continuación de la política por otros medios”.

Desafortunadamente, esta combinación molotov entre naciente democracia, nacionalismo, guerra total (en donde todos los actores sociales estaban involucrados) y nuevas tecnologías fue para Europa y el resto del mundo lo que la viruela para nuestros antepasados. Muestra de ello, fue la primera guerra mundial. En una sola batalla, la de Verdún, se sufre entre ambos bandos francés y alemán cerca de 700,000 bajas. Cifra que es producto del uso de ametralladoras, granadas de fragmentación, carros blindados y gases tóxicos. Es la bienvenida y entrada triunfal de la organización basada en una política estricta y control total; estamos frente al totalitarismo. Después de esta conflagración y en la futura guerra mundial, los soldados pasan de ser defensores a simples empleados de una maquinaria con engranajes muy grandes y afilados.

Se abre una brecha entre los valores militares y los cívicos. En las sociedades trastocadas por las guerras del siglo XX, ya nos es loable que se sacrifique la vida en la batalla. Si a esto le sumamos el desarrollo de armamento de largo alcance, estamos presenciando la erosión de loas grandes movilizaciones en post de la integridad nacional. Lo señala Edward Luttwark “el guerrero se ha convertido en una figura anómala en la cultura post-heroica. Muchos países desaparecen sus sistemas de reclutamiento y enfatizan el desarrollo de células militares que tengan la capacidad de manejar cualquier tipo de tecnología. La “guerra real”, se va diluyendo del imaginario colectivo y se reafirma en una “guerra virtual”.

¿Cuántas guerras no hemos presenciado a través de la televisión? Quién no recuerda las imágenes de la Tormenta del Desierto, el primer gran reality show de la miseria humana y trasmitida por aquel entonces por un canal de la ignominia llamado Imevisión. Cientos de grabaciones de bombas inteligentes desfilan ante nuestros ojos todos los días. Es lógico, después del rotundo fracaso de Vietnam, los países desarrollados han inventado otras formas de guerra a distancia, escondidas bajo “diversos eufemismos como guerra humanitaria, incursiones aéreas o uso de la fuerza como último recurso”. Ustedes hagan sus propias cuentas.

A dichas intervenciones, los países invasores las han querido catalogar de actos necesarios de alta precisión, inteligentes –la risa en inevitable-; al tratar de justificarse ante la opinión internacional, pero el trasfondo está más allá de las opiniones, las cuales esta por demás decirlo les importa un bledo a los integrantes de la OTAN. El asunto es demostrar y poner en práctica lo desarrollado durante treinta años de los programas de la llamada “revolución de asuntos militares” iniciada en los años setentas a manera de ganar un centímetro en la ya desgastada para ese entonces guerra fría. Otra verdead inocultable, es que esta tecnología bélica se uso en guerras totalmente asimétricas: un misil lanzado desde un avión a control remoto para destruir campos de refugiados en Afganistán.

Sin embargo dentro de esta guerra asimétrica surge una variable prevista: los pueblos invadidos hacen uso de recursos tecnológicos no militares para uso defensivo. Varios países invadidos comienzan a desarrollar una verdadera batalla cibernética en contra de ocupantes; le aderezan matices religiosos y surgen como natural consecuencia movimientos globales, que van desde las redes de apoyo hasta la ciber-yihad (guerra santa). Cada vez son más los movimientos de resistencia que contratan y desarrollan expertos en hackear y quebrantar la seguridad de sitios estratégicos de países como Estado Unidos, Gran Bretaña, Francia y España.

Estamos frente a un nuevo tipo de soldado, lo que ya no usan escudos, ni lanzas, ametralladoras a gases sarín, estamos observando a combatientes detrás de un teclado, un cpu y un monitor como el que está frente a ustedes. Son otros tiempos, donde lo virtual se sobrepone y esconde la realidad de los muertos reales. ¿The war is over? La función apenas comienza.

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Una respuesta a The war is over

  1. ambar amarillo dijo:

    Comparto contigo casi todo lo que argumentas sin embargo creo que la función ya comenzó hace más de veinte años, todo lo que Mc. Luhan preveía en el libro La aldea Global se ha cumplido en gran medida, el problema es que la inmensa mayoría no vemos en la Internet y otros mass media como verdaderos peligros, como una forma de hacer la guerra y lo peor, en contra de nosotros mismos
    Es tal su poder de seducción, de manejo psicológico que los vemos como medios inofensivos, de nada sirve que Sartori en el Homo Videns haya hecho un buen análisis del impacto en cuanto a adquisición de conocimiento, escritura y participación política, cuántos leen a Sartori?
    Precisamente el fin de semana inicié la lectura del libro Pensar la imagen de Santos Zunzunegi y si bien conocía la importancia de los medios visuales y auditivos como elementos fundamentales para allegarnos conocimientos, los datos fueron contundentes, más del 94 por ciento la obtenemos por medio de estos sentidos, el 80% por percepción visual con todas las implicaciones que esto tiene y el poder que se otorga a un minúsculo grupo social que al tener el manejo de los medios, también mueven los hilos para manejar su guerra, que la hacen masiva y la dirigen contra sus enemigos y contra nosotros.

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