Luluza

Cuando era pequeña estudiaba en un colegio de monjas, ya se pueden imaginar, la disciplina rígida, los horarios discontinuos que ocupaban todo el día y el resto para hacer las tareas, sin embargo todo esto era poco porque las vacaciones eran el momento más esperado, en ese tiempo desaparecía todo lo anterior y en su lugar aparecía el color, el sabor, la imaginación plena y sobre todo el gran amor de su abuelo.

El vivía en un pequeño y apartado pueblo de la cañada oaxaqueña. A pesar de la fuerte sequía, la zona que contaba con agua era una vergel, en el se cultivaban mango, limón, aguacate, mamey, chicozapote, mandarina, sandía, melón, ciruelas y un sin fin de frutas que daban a la población un intenso colorido y mejor olor.

En épocas de cosecha solían colocar el mango en un corredor enorme para después seleccionar y envasar, Luluza reconocía que si bien había cierta uniformidad lineal, distan algunos en cuanto a color, tamaño, textura de la piel, madurez y entonces se daba el lujo se sopesar calmadamente varios y decidía cual le gustaba más, saboreando de antemano el elegido.

Otro de los placeres era poder ir sola al río, a unos cien metros de la casa del abuelo, allí vagaba buena parte del día buscando ajolotes o peces y los colocaba en un envase de refresco para llevarlos de regalo a las amiguitas que había hecho en la comunidad, y que le regalaban “cuentas” o “ídolos” de origen prehispánico hechas de jade o de barro y que atesoró por varios años en una cajita metálica de Sal de Uvas Picot.

Pero lo fundamental era imaginar una y mil aventuras porque allí materializaba, de alguna manera, lo que su abuelo le leía por las noches y creo que esa era la parte más importante de las vacaciones y que despertó en Luluza algunas de las preferencias culturales que tiene en la actualidad.

Cuando empezaba a oscurecer se encendían las lámparas de gas o los quinqués de petróleo, el abuelo se acostaba en la hamaca y le pedía a Luluza que le diera masaje usando una larga botella color ámbar, que alguna vez fue de vino blanco, una vez terminada la actividad, el abuelo le pedía a su nieta consentida que subiera a sus piernas y al vaivén de la hamaca le empezaba a leer diversas historias aunque el libro preferido eran Las Mil y una Noches, en ocasiones eran narraciones de lo que el abuelo vivió durante la revolución y que lo convirtieron en un verdadero anticlerical.

Los domingos era diferente porque la lectura era a medio día, después de que Luluza con sumo cuidado le “hacia la barba” al abuelo cortando una por una con unas tijeras, pues el era enemigo de usar las nuevas navajas Gillet. La lectura también era diferente, ya fuera de periódicos o revistas, así desde muy temprana edad se acostumbró

a oir hablar de Gromyko, de Castro, del problema de los bloque económicos, de la existencia del principado de Andorra y como era etc. etc. Esta situación y otras le llevaron, muchos años después, a ser historiadora.

En cuarto año de primaria hubo otro descubrimiento muy importante, la maestra del grupo rifó varios boletos para una función de teatro y ganó uno, así que fue a la función estrenando un vestido que su mamá confeccionó, aún recuerda vívidamente, algunas de las escenas y tuvo tanto impacto el teatro en ella que, si no podía ir a las puestas en escena, las leía y aún lo hace.

El descubrimiento de la música clásica se dio en el primer año de Secundaria, por lo regular los maestros nunca faltaban pero en una de esa poquísimas veces que esto sucedió el orientador los llevó a la sala de audiovisual y les hizo escuchar música de Chopin, eran fundamentalmente polonesas, el brío y la fuerza le hicieron sentirse emocionada, como los padres no quisieron comprarle música clásica, ella buscaba en las casas de cultura o en donde se pudiera con tal de que se la prestaran para escucharla.

No recuerdo el motivo exacto por el que el papá le regaló una radio y en eso de buscar estaciones se encontró con Radio Mundo que fue su preferida por muchos años, así logró conocer música de diversos países, en especial europea aunque de vez en cuando

asíatica o africana.

Dado que lo “exótico” le llamaba la atención, cuando fue tiempo de definir una carrera profesional, lo hizo por la de Turismo, no sólo porque le permitiría conocer otros lugares sino también otras lenguas, otras gentes, en pocas palabras, romper con las barreras de lo rutinario.

Enorme fue el descubrimiento, sus profesores fueron de primera línea con una clara visión nacionalista y americanista que le enseñaron a valorar la producción cultural del país y del continente, que consolidaron una identidad personal y social además de convertirla en ciudadana, con todas sus implicaciones.

Así pasó de la estética o ecoestética a gozar del arte, el poder visitar Monte Alban, después de haber discutido en clase la organización social, el desarrollo tecnológico, la situación geográfica de esa zona, todo ello fue muy aleccionador y le permitió valorar en toda su dimensión, las construcciones, la escultura, y todas las manifestaciones de la cultura zapoteca..

El tener como u profesor de folklore a uno de los más grandes americanistas en música fue también de suma trascendencia, visitar la zona lacustre del lago de Pátzcuaro con uno de los grandes impulsores del arte popular en México, inolvidable y aleccionador, en fin, la carrera no fue informativa sino formativa y no solo en cuanto a conocimientos sino para la formación de su vida, hábitos, gustos, de ella misma.

Los años siguientes fueron de un constante desarrollo cultural que la llevaron a efectuar estudios diversos, Historia, Historia del Arte, Desarrollo Comunitario, en cuanto a lo estrictamente formal, de manera informal el conocimiento de la música y sus contextos, de otras lenguas y sus contextos, de las diversas realidades sociales, el uso de la herbolaria en comunidades rurales y a trabajar en varios campos de la difusión de la cultura, y ahora que se nos pidió el trabajo para este módulo del diplomado, fue un momento ideal para hacer un alto en el camino y reflexionar acerca de cuales fueron esos momentos clave en nuestras vidas, esas acciones o personas que dejaron en nosotros una huella tan profunda que han iluminado nuestras vidas, y a partir de ello, tener una identidad bien definida, disfrutar día a día de nuestro entorno y con ello sentirnos plenas y plenos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ambar amarillo. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s