Jean Cocteau: L’ enfant terrible.

En las escaleras de la estación Rambuteau encontré a un viejo bebiendo cognac a bocajarro; parecía feliz. Afuera estaba nevando. Era el último día del año, pero estaba empecinado en conocer el Centro Pompidou a pesar de estar hecho jirones por el clima y una fatiga ambulatoria.

Una vez en la calle, tardé un minuto en sobreponerme al escepticismo. Frente a mi sólo habían tubos a manera de andamios -como los que dan forma a las montañas rusas o a los esqueletos de las ballenas-. Consulté un mapa arrugado que traía conmigo como lapa; respiré profundo cuando supe que estaba en la parte trasera del museo. Le di la vuelta pausadamente.

image Vista posterior.

La fila de acceso era inmensa pero eficiente. Por la plática con unos colombianos que estaban frente a mi, me enteré que había una exposición temporal dedicada a Jean Cocteau. No pude reprimir el júbilo – ¡a toda madre! espeté sonoramente, sin tomar en cuenta que en el museo me encontraría una colección impresionante de arte moderno y contemporáneo que contempla cerca de sesenta mil obras; constituyéndose la más grande Europa.

image Diseño del boleto para la exposición

Sin mediar explicación me dirigí directamente al quinto piso: a la Grande Galerie. Tuve un ligero sobresalto al ver en la antesala “Patrocinado por Cartier”. Me reanimé rápidamente al observar que para acceder al recinto principal había una especie de entrada de carpa circense hecha de terciopelo. El asunto pintaba interesante; más cuanto que Cocteau era un artista que abarcaba expresiones muy heterogéneas: dibujo, poesía, escultura, teatro, cine, etc.

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Los curadores de la exposición solucionaron dicha heterogeneidad disponiendo de una primera sección que hacía referencia a la infancia y adolescencia del autor; ahí se podían ver en vitrinas –que por sí mismas podrían constituir una instalación- y proyectados en la pared cerca de 300 dibujos, algunas marionetas y objetos personales. En una segunda sección se encontraban manuscritos de poesía, bocetos de escenarios para teatro y cine.

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Manuscritos

Un tercer apartado con salas de proyecciones estilo “al aire libre”, donde se proyectaban: La Sangre de un poeta, Orfeo, El Testamento de Orfeo, Los Niños terribles, La Bella y la bestia y Los Padres terribles; así como un escenario circular para el montaje de sus obras. Finalmente, un área para la producción de diversos artistas relacionados con Jean: pinturas y cientos de fotografías. En general, la ambientación –luces tenues e indirectas- me dio la impresión que fue elaborada para dar la sensación de estar dentro de una gran carpa; en donde uno se podía topar con lo inverosímil, surrealista, lo teatral e íntimo del artista.

Debo reconocer que a pasar de que  no sea la más espectacular muestra retrospectiva de un artista que haya visto; queda de relieve el espíritu parisino y cosmopolita en cada detalle de la exposición, cuestión poco sencilla sin evitar caer en los excesos.

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 image Retrato de Jean hecho por  Modigliani.

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