Ledo Ivo; su visión.

Ledo Ivo es uno de los escritores contemporáneos más importantes de Brasil. Pertenece a la llamada generación del 45 y se le ha considerado, por la crítica, como uno de los impulsores de la lengua portuguesa actual. Multi premiado por su obra poética, narrativa, de ensayo y crónica.

Comparto con ustedes algunos de sus poemas y algunas de mis fotografías.

El sueño de los peces

No puedo admitir que los sueños
sean privilegio de las criaturas humanas.
Los peces también sueñan
En el lago pantanoso, entre pestilencias
que aspiran a la densa dignidad de la vida,
sueñan con los ojos abiertos siempre.

Los peces sueñan inmóviles, la bienaventuranza
del agua fétida. No son como los hombres, que se agitan
en sus lechos estropeados. En verdad,
los peces difieren de nosotros, que todavía no aprendemos a soñar.
Y nos debatimos como ahogados en el agua turbia
entre imágenes hediondas y espinas de peces muertos.

Junto al lago que yo mandé cavar,
volviendo la realidad a un incómodo sueño de infancia
pregunto al agua oscura. Las tilapias se ocultan
de mi sospechoso mirar de propietario
y se resisten a enseñarme cómo debo soñar.

Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres.

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El sol de los amantes

El oficio de quien ama es ver
un sol oscuro sobre el lecho,
y en el frío, nacer al fuego
de un verano que no dice su nombre.

Es ver, constelación de pétalos,
la nieve caer sobre la tierra,
algodón del cielo, aire del silencio
que nace entre dos espaldas.

Es morir claro y secreto
cerca de tierras absolutas,
del amor que mueve las estrellas
y encierra a los amantes en un cuarto.

Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres.

El espejo

El mundo entero

Cabe en el espejo
en que te miras.

En él se espejan
las maravillas
que se dispersan

por el universo,
hijas amorosas
de tu reflejo

cuando te miras
en el espejo cóncavo

oh ser convexo.

Traducción: Manuel Núñez Nava.

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Soneto de la Nieve

Cuando te amo, pienso siempre en la nieve,
una nieve blanca como el esperma.
Pienso siempre en la nieve cuando te poseo,
en la nieve blanca que cae entre los álamos.
En mi niñez siempre deseé
ver la nieve caer, y atravesar la blanca
oscuridad de la nieve que entre el día y la noche
devuelve al mundo negro un blanco seminal.
Yo siempre deseé que el mundo fuese la albura
de la nieve, como la blancura virginal
de la blanca sábana inmune a cualquier mácula.
Y la nieve cae en mí y cae en la desolada
noche oscura del alma, la nieve del silencio,
la inmaculada y frígida albura de la nada.

Mi patria.

Mi patria no es la lengua portuguesa.
Ninguna lengua es la patria.
Mi patria es la tierra blanda y oscura donde nací
y el viento que sopla en Maceió.
Son los cangrejos que corren entre la lama de los manglares
y el océano cuyas olas continúan mojando mis pies cuando sueño.
Mi patria son los murciélagos suspendidos en los techos de iglesias carcomidas,
los locos que bailan al atardecer en el hospital junto al mar
y el cielo encorvado por las constelaciones.
Mi patria son los silbatos de los navíos
y el faro en lo alto de la colina.
Mi patria es la mano del mendigo en la mañana radiante.
Son los astilleros podridos
y los cementerios marinos donde mis ancestros tuberculosos y palúdicos no
paran de toser y temblar en las noches frías.

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Para escuchar uno de sus poemas.

 

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