De la lucha libre como Olimpo enmascarado (I)

Texto: Carlos Monsiváis*

Qué agilidad para no moverse de su sitio. A tal punto se ha identificado la lucha libre con la cultura popular que, por así decirlo, la ha trepado al ring con todo y sus leyendas en el sentido más estricto: los personajes de nombres que son en sí mismos una cuada evocativa, el cantar de gesta de su público, cuyas noches de felicidad gutural corren a cargo –en el caso de México- de El Santo, Black Shadow, Tarzán López, Gori Guerrero, Sugi Sito, Tonina Jackson, El Médico Asesino, El Murciélago Velázquez, El Lobo Negro, Huracán Ramírez, el portentoso Cavernario Galindo, El Mil Máscaras, Blue Demon y así sucesivamente.

El atuendo de los años heroicos no es entonces como ahora un viaje de la psicodelia a la posmodernidad, ni los diseñadores de ropa importan más que el réferi, ni la suntuosidad de las capas renueva o debería renovar la moda italiana, ni la máscara es omnipresente, y esto incluye a los que oficialmente no la traen puesta. Dicho sea de paso, varios luchadores tal vez fundan su éxito en la condición de su rostro tallado en la piedra de los sacrificios de incontables encuentros, la máscara no perfectible que es aportación del azar de la estética de las facciones imposibles. (La máscara ideal: un rostro de ídolo de las islas labrado por el arrasamiento del pueblo sobre el entarimado)

En su “Época de Oro” La lucha libre (el wrestling) (el catch-as-can) es asunto sencillo y primordial: hay un número no muy amplio de atletas que van de arena en arena, de gimnasio en gimnasio, de enfrentamientos de dos a tres caídas sin límite de tiempo a vivencias del encordado como el paraíso que expulsa y el infierno que retiene.

La paga es mínima, el ritmo desgastante, y las llaves corporales, y me perdonan o me redimen la metáfora, abren la puerta de los aullidos que son breves y efectivas obras de teatro. La doble Nelson, la tapatía, la quebradora… y los saltos espectaculares y los brazos alzados que apresan el triunfo, y las muescas de los enmascarados (no por invisibles menos trepidante), puntualizan los enfrentamientos del origen.

*Fragmento del prólogo publicado en “Espectacular de Lucha Libre. fotografías de Lourdes Grobet”. Coedición: Trilce, Océano, Unam.

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Una respuesta a De la lucha libre como Olimpo enmascarado (I)

  1. adriana retana dijo:

    el arte es una formade expresar lo que uno siente hacerca de algo que se estima

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