De la lucha como Olimpo enmascarado (V)

Texto: Carlos Monsiváis*

“El cuerpo se elevó como un mineral homicida”. Tal vez el más profundo de los escenarios de la lucha libre se localice en la zona de los gritos, ese elevadísimo juego diabólico que describe el evento, apuntala al ídolo, desfoga al espectador, reinventa la Guerra Florida. “¡Queremos sangre! ¡Rómpele su madre! ¡Friégatelo! ¡Chíngatelo! ¡La quebradora, cabrón! ¡No lo dejes! ¡No te quedes ahí paradote!”… Los gritos son ecos de sí mismos, y la precipitación auditiva se decosntruye en sonidos feroces, sonidos de aprobación, sonidos que animan la continuidad de las generaciones sobre el ring.

Y a los gritos, al ruidero que en las fotos se atenúa para darle su sitio a los gestos, los complementan las agonías brevísimas al final de cada caída, el rostro que se esfuerza por no desbaratarse y hacerse literalmente trizas. La mueca trágica del luchador no es igual a ninguna otra. podría decirse que rítmica, y reconstruye el potro de tortura, y le hace frente –con la pura sucesión de visajes- a todos los complots que el adversario oculta: la mazmorra de la Inquisición, el abuso de los separos policiacos, la celda acolchonada que sofoca los gemidos y las súplicas. En los gestos quebrantados de los luchadores, la especie se rinde, la especie se niega a rendirse, la especie se abrazo al suplicio que la libra de aburrimiento. “Si no aplicas la tapatía me quedo dormido”.

Dicho sea de paso, son los ayes faciales de los luchadores y los alaridos del Respetable Público, esa lluvia de mentadas de madre como diluvio sentimental de caricias excéntricas, lo que impide ver o aceptar las transmisiones televisivas de la lucha libre. Reducido el espacio, “adecentado” el sonido, frenado el dramatismo por la aridez de los comerciales, la lucha libre se desdibuja, pierde el grado de unión clásica entre lo que se escucha y lo que se contempla, entre el costalazo y el abatirse de los insultos como dádivas de la feligresía. En la televisión, la lucha libre es todo menos las excavación en los adentros de las clases populares, es todo menos lucha libre.

*Fragmento del prólogo publicado en “Espectacular de Lucha Libre. Fotografías de Lourdes Grobet”. Coedición: Trilce, Océano, Unam.

De la lucha libre como Olimpo Enmascarado (IV)
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