Donde la filosofía termina, la poesía debe comenzar (II y última).

María del Pilar Torres Anguiano.

La novela y poseía filosóficas.

Cuando el pensador idealista y el poeta romántico, centra toda reflexión filosófica en el hombre, se enfrenta inevitablemente con el problema de la muerte y de la inmortalidad. Problema difícil de abordar bajo una óptica y una terminología racionalista al modo decimonónico, pero necesario para e recorrer ese sinuoso camino de la antropología y del misterio del humano, con toda su grandeza y con toda su miseria. El pensador romántico, no encuentra otro recurso que el de la literatura, el de ese “laboratorio filosófico”, que es la poesía, el cuento y la novela (4).

La poesía para el romántico, no es simplemente la expresión estética, o la expresión de los estados de ánimo de algún autor; es mucho más que eso, es un auténtico método intelectual, donde, por medio de la paradoja, se pueden ver las posibilidades de lo humano; y sobre todo la gran posibilidad, la permanente: La muerte.

Al identificar la literatura con la filosofía se tiene la intención de penetrar en lo más íntimo de la existencia; así, la poesía (en su más claro sentido) es una traducción de la naturaleza en el espíritu, es la revelación del ser de las cosas en el conocimiento. A través de la producción poética reveladora y reflexiva, el filósofo romántico expresa su vitalidad; fuera de la poesía sólo hay palabras, pensamientos sin sangre y sin lágrimas, ideas si, pero no vida.

El poeta romántico en todo momento revela una gran desconfianza en la razón, en la razón pura y en su más terrible hijo: el cientificismo. La “filosofía racional” o mejor dicho, racionalista, para el poeta, no es camino de nada no revela nada, más que una lógica mental, pero es alejada de la realidad más concreta y, permítaseme la expresión la realidad más real: el hombre. Así, otros son los caminos que hay que recorrer para dar con respuestas místicas -entendiendo el término como misterio, como lo que rebasa a la razón simple- respuestas que, aun cuando imaginadas, más vividas que los conceptos científicos.

Por ello, es posible utilizar el texto literario para generar reflexión filosófica. Una historia es un pre-texto para crear muchas, una historia escrita da lugar a que el lector ponga su propia historia en juego, que se arriesgue a romper límites, es decir, que se permita pronunciar su propia palabra y transformar el sentido único en muchos y distintos. La estructura del texto literario-filosófico, genera un modelo funcional para el diálogo; al mismo tiempo que integra a la comunidad y fortalece el lazo social.

A partir del texto y de sus experiencias, la comunidad construye un nuevo texto, un tejido de sentido que se crea cooperativamente y que constituye la dimensión práctica de la Filosofía: hacer Filosofía. El lenguaje es la expresión privilegiada de la conciencia; el yo singular que se expresa en el lenguaje es también universal, porque el que habla y es escuchado entra en unidad con aquéllos para los que existe. Pero al mismo tiempo el lenguaje da lugar a un saber que rebasa las fronteras del reconocimiento de quien lo emite. El lenguaje es el universo simbólico en el que los seres humanos nos movemos; de él tomamos significantes que, a su vez, generan otros, para comprender al mundo y a nosotros mismos.

En el espacio de la filosofía postmoderna, es indispensable el estudio de los elementos fundamentales de la relación entre Filosofía y formas literarias ya que pueden ayudarnos a reconocer y alentar la creatividad, así como vincularla con los aspectos cognitivos y valorativos.

Pero, sobre todo, hacer filosofía de la mano de la poesía y escribir poesía con tintes filosóficos, constituye una oportunidad en la que súbitamente aparecen aspectos inéditos de la realidad, aspectos que nos ponen en profundo contacto con lo propiamente humano el goce de conocer, el goce de pensar y de explorar los inacabables caminos de sentido, descubierto y creado en ese medio nutriente que es el diálogo.

A manera de conclusión podemos decir que: no es posible concebir la filosofía sólo como sistema teóricamente elaborado, cuyo discurso se opere a través de conceptos lógicos, al igual que a la literatura como simple aprehensión subjetiva expresadas en imágenes.  Tanto la filosofía como la literatura aprehenden la realidad en su esencialidad en correspondencia con su objeto, y emplean las múltiples formas aprehensivas de que dispone el hombre.  Por eso existe comunidad, interacción y condicionamientos mutuos.  Los conceptos, las ideas, las imágenes, etc. son formas humanas de asimilación de la realidad y no son privativos de una  ciencia específica.

Una filosofía que se aferre sólo a los tratados sistemáticos y a las expresiones categoriales y una literatura que no admita las ‘contaminaciones filosóficas’ resultan estériles. Toda obra poética que realmente merezca el nombre, tiene algo de filosófica.  En los orígenes del  filosofar, la poesía, tan antigua como el hombre, prestó su forma a la  naciente reflexión sobre el universo para plasmar la búsqueda del arjé o la aletheia.

Las primitivas cosmogonías, poemas de alta condición, se encuentran llenos de ideas cosmovisivas destinadas a fructificar en órdenes muy diversos, pero, sobre todo, a constituirse en fuentes inmediatas  de la filosofía.  Esto nunca ha dejado de ocurrir.

La historia de la filosofía y la historia de la literatura, dan cuenta de la comunidad interactiva entre ambas disciplinas y las particularidades expresivas de los literatos filósofos y los filósofos literatos

Según palabras de Sánchez Meca, en la ironía de Schlegel “no hay búsqueda de la verdad, como intentaba la ironía socrática, sino una estrategia del pensamiento dirigida a desarrollarlo mediante el uso de paradojas (5)” .

En palabras propias, a la frase de Schlegel según la cual dice: “Donde la filosofía termina, la poesía debe comenzar” hay que decir que tal vez esto seria cierto si y solo si la filosofía terminara. Pero la filosofía no termina.

Notas:

1 Crítico literario, filósofo, hispanista y poeta alemán, uno de los fundadores y más grandes exponentes del Romanticismo.

2 Ende Michael. Carpeta de apuntes. Cuando los niños preguntan. P. 382

3 Reyes Alfonso, La amistad en el dolor: correspondencia con José Vasconcelos. El Colegio de México, 2003.

4 O la llamada “nívola” para Miguel de Unamuno, el cual no está de ningún modo alejado de esta tradición romántica.

5 D. Sánchez Meca, Schlegel y la ironía romántica.

Donde la filosofía termina, la poesía debe comenzar (1)

Esta entrada fue publicada en María del Pilar Torres. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Donde la filosofía termina, la poesía debe comenzar (II y última).

  1. Diego Garciarivas dijo:

    Pilar, muy interesante el post. Coincido en que el “pensador idealista y el poeta romántico, centra toda reflexión filosófica en el hombre, se enfrenta inevitablemente con el problema de la muerte y de la inmortalidad”. Sin embargo, para tener un ejemplo de lo anterior, no es necesario volver la mirada a la literatura eurocentrista, propongo sencillamente comenzar con la poesía Nahua.

    Elegía.

    Yo por mi parte digo:
    ¡Ay, sólo un breve instante!
    ¡Sólo cual la flor abrimos los pétalos!
    ¡Sólo hemos venido, amigos a marchitarnos en esta tierra!
    Pero ahora, cese la amargura,
    ahora dar recreo a nuestro pechos.
    ¿Pero cómo comer? ¿Cómo darnos al placer?
    Allá nacen nuestros cantos, donde nació el atabal.

    He sufrido yo en la tierra
    en donde vivieron ellos.
    Se enlazará la amistad,
    se enlazará lo corporación junto a los albores.
    ¿Acaso yo aún vendré?
    ¿Aún habré de entonar un canto?
    Pero yo solo estoy aquí: ellos están ausentes.
    Al olvido y a la niebla yo tengo que entregarme.
    Creamos a nuestro corazón:
    ¿Es nuestra casa la tierra?
    En sitio de angustia y de dolor vivimos.
    Por eso sola,mente canto y pregunto:
    ¿Cuál flor otra vez plantaré?
    ¿Cuál maís otra vez senbraré?
    ¿Mi madre y mi padre aún habrán de dar fruto nuevo?
    ¿Fruto que vaya mendarndo en la tierra?
    Es la razón por que llorro:
    nadie está allí: nos dejaran huérfanos en la tierra.
    ¿En dónde está el camino para bajar
    al reino de los Muesrtos, a donde están los que ya no tienen cuerpo?
    ¿Hay vida aún allá en esa región
    en que de algún modo se existe?
    ¿Tienen aún consciencia nuestros corazones?
    En cofre y caja esconde a los hombres
    y los envuelve en ropas el dador de la vida.
    ¿Es que allá los veré?
    ¿He de fijar los ojos en e rostro
    de mi madre y mi padre?
    ¿Han de venir a darme ellos aún
    su canto y su palabra?

    ¡Yo los busco:nadie está alli:
    nos dejaron huérfanos en la tierra!

    • Pilar Torres dijo:

      Diego, ora si que, verdad es tu palabra. En mi defensa diré que pienso que precisamente, el pensamiento de los antiguos, o Huehuetlatolli, es la mejor prueba de que filosofia y literatura se funden. Esta filosofía de Flor y Canto pretendía hacer del hombre un rostro y un corazón, es decir, unificar, formar integralmente el interior humano con su corporeidad. Mente sana en cuerpo sano decía un letrero a la entrada de La Academia; los nahuas tenían esta propuesta incluyente de una manera más profunda pues buscaban plena identidad entre corazón y sentimientos humanos con las expresiones dadas a través del rostro manifestándolos. Esta racionalidad filosófica es poética y se elabora mediante emociones y afectividad bien logradas.

      Tanto o más importantes quizás son los poemas éticos donde analogan el trabajo del Tlacuilo a la formación de la rectitud humana:
      El buen pintor:
      Tolteca (artista) de la tinta negra y roja,
      creador de cosas con el agua negra…el buen pintor: entendido,
      Dios en su corazón,
      que diviniza con su corazón a las cosas,
      dialoga con su propio corazón.
      Conoce los colores, los aplica, sombrea.
      Dibuja los pies, las casas,
      traza las sombras, logra un perfecto acabado.
      Como si fuera un Tolteca,
      pinta los colores de todas las flores.
      Este poema sobre el pintor lo enlazan a: El que da un ser al barro,
      de mirada aguda, moldea,
      amasa el barro.
      El buen alfarero
      pone esmero en las cosas,
      enseña al barro a mentir,
      dialoga con su propio corazón.

  2. José Ochoa dijo:

    y si trasladáramos este aforismo del poeta romántico Schlegel al contexto contemporáneo, hasta que punto seguiría siendo válido su cuestionamiento?????

  3. Pilar Torres dijo:

    De acuerdo. Sobre todo teniendo en cuenta que estamos en un terreno en el que la mayor de las certezas es que la pregunta, la búsqueda, es más importante que la respuesta.

  4. Rulosofo dijo:

    La filosofía no termina, la poesía no termina. Ambas se mezclan en el mismo atanor que es el hombre. La sensibilidad del mundo también es reflexiva, la profundidad científica que desvía la mirada de lo humanístico carece de sentido. El mundo es revelación de verdades sensibles. Bien por este post!!! Tú sabes bien lo que escribo, y lo que defiendo!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s