Campamentos lacandones y el sendero Ya Toch Kusam (La casa de las Golondrinas)

Cuando uno anda por el rumbo de Bonampak o Frontera Corozal, basta llegar a San Javier y de allí a pocos minutos encuentra uno los campamentos lacandones que pertenecen a la comunidad de Lacanjá Chansayab.

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Dar click en la imagen para consultar la ubicación en google maps

Uno de ellos es el que pertenece a Don Carmelo Chambor, se localiza, como otros, en las márgenes del río lo que permite sea un lugar hermosos, tranquilo y en donde se puede descansar si es lo que uno busca, o hacer diversas actividades como nadar, remar y a partir de allí visitar las reservas cercanas o incluso hace el viaje a pie a la zona arqueológica de Bonampak.

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Como puede observarse el la fotografía el agua es transparente y de color verde o azul dependiendo de la profundidad y de la cantidad de luz solar que reciba.

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Yo me decidí por hacer una visita al sendero Ya Toch Kusam, en español La casa de las Golondrinas, para ello me puse de acuerdo con mi guía, uno de los hijos de Don Carmelo, para que me acompañara por un recorrido de 2.5 kilómetros a través de la selva. Para tener una idea de la altitud de la misma tomé esta fotografía. La altitud de los árboles va de 40 a 70 metros y hay lugares en que es tan espeso el follaje que difícilmente atraviesan los rayos del sol.

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A lo largo del recorrido me fue explicando las diversas variedades vegetales y animales que encontramos en el lugar, la que sostiene en la mano es la que sirve para la elaboración de la tinta para hacer los dólares, lo que dice él, ha sido motivo para la sobre explotación de esa especie.

Trascribo de una guía del sendero: Esta formado por árboles… con estratos arbustivos y herbáceos representados por muy pocas especies, pero con abundantes epifitas, lianas, bromelias y ricos especímenes de orquídeas… Esta vegetación se caracteriza por ser alta, algunos estratos de selva permanecen verdes todo el año. Los troncos de los árboles son con frecuencia rectos y se hayan libres de ramas. Las copas de los árboles suelen ser de gran amplitud. Los troncos son de corteza variable, lisas y corrugadas, claras y de tonalidades verduscas. La mayoría de los árboles tiene flores pequeñas poco vistosas como la caoba, el cedro y el chicozapote. Los bejucos que cuelgan alcanzan entre 30 y 40 metros de longitud.

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En un claro de la selva, en donde había suficiente luz, tomé esta fotografía porque es increíble la cantidad de especies que pueden vivir a expensas de un tronco caído y que uno supondría ya no tiene nada que hacer.

A medida que va uno caminando escucha cantidad de trinos; mi guía me explicaba a que especie pertenecía: en este sendero existen golondrina aliserrada, paloma perdiz común, loro cabecioscuro, chupaflor, trogón amarillo, martín pescador, tucancillo collarejo y carpintero selvático.

Tampoco es raro encontrar especies de roedores, insectos, por fortuna para mí ni reptiles, ni felinos hicieron su aparición. Casi al llegar a la cascada nos encontramos con el vigila del sendero, nadie puede negarme que es lacandón y su filiación maya.

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En una hamaca tradicional tranquilamente esperaba a quienes visitaran el lugar, los habitantes de la comunidad cercana van a bañarse al río, me prestó su hamaca y desde ese espacio platicamos largo y tendido acerca del proyecto turístico que impulsa la comunidad. Al comentar que yo viajo mucho con grupos acordamos ponernos en contacto para ver el precio de las cabañas y resulta que su hijo Mario, que vive en Palenque, es un magnífico impulsor del turismo hacia su comunidad.

El sonido del río y de la cascada se escuchan desde lejos y en la medida que avanzamos se hizo más patente hasta que llegamos y en verdad, aunque no existiera, todo el recorrido, valdría la pena.

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Al final del sendero se encuentra uno con esta cascada llamada de Las Golondrinas, agua templada, cristalina y espero poco contaminada forma pozas en las que se pueden ver cantidad de cardúmenes de especies pequeñas y blancas, todo una delicia para la vista y para la vida de esta parte de la selva.

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El que pueda permanecer de manera autosuficiente este espacio es que la gente la visite, aporte para su manutención y lo cuide como un santuario natural en que debemos dejar el menor rastro posible. Este es sólo uno de los recursos naturales de la lacandona que desaparece vertiginosamente. ¡Luchemos por su preservación!

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