De la geopolítica a Cuba, pasando por Ibargüengoitia

Que extrañas rutas tienen nuestros cerebros para interconectar tiempos, hechos, libros, vivencias, todo esto viene a cuento porque hace unos días una compañera y yo hacíamos comentarios generales acerca de los alumnos que tenemos en común y todos los elementos que les hacen falta para lograr aprehender lo que intentamos.

Le informé que en la última sesión, por alguna razón que ahora no recuerdo apareció el concepto de enclave o algo similar y entonces yo traté de explicarlo con el ejemplo de Panamá, a quien se “obligó” a independizarse de Colombia para después construir el Canal que sirvió para mover las mercancías de una costa a la opuesta en Estados Unidos y que por esta ruta era más barato que hacerlo por carretera, comenté del tratado, de Torrijos, y muchos otros datos que permitieran que quedara claro, un alumno -muy listo por cierto- se quedó, como dicen los jóvenes, sacadísimo de onda y preguntó:  ¿Maestra eso lo dice y cree usted o está en algún libro?

Mi respuesta fue inmediata, por supuesto que hay libros que afirman esto, lo puedes encontrar en una antología que publicó la UNAM, de esas de la colección de lecturas para estudiantes, no recuerdo el número pero el titulo es Geopolítica y seguridad nacional en América Latina y emocionada les comenté algunos de los artículos que recordaba, pasando por la nefasta Escuela de las Américas siguiendo con los aún peores kaibiles y otros asuntos nada gratos para la mayoría de nosotros, pero que tienen una relación directa con la geopolítica.

A esto mi compañera me recomendó leer los textos de Alfredo Jalife-Rahme e inmediatamente fui a una librería que hace años que no visitaba, está en el centro de la ciudad y tiene un muy amplio surtido, al área que fui a hacer el pedido tiene principalmente literatura y decidí dar una hojeada, sobre una mesa estaba el texto de Poniatowska acerca de Gaby Brimer y recordé como su lectura fue muy impactante y a la vez esperanzadora, todo una lección de vida, y así a cada paso encontraba algún libro que leí en el pasado y tenían relación con diversos momentos de mi vida pero como acababa de leer “Los señores del narco”, decidí comprar y releer el “Viaje en la América Ignota” de Jorge Ibargüengoitia, por aquello de tener algo de que reír después de el sentimiento de coraje e impotencia por la situación del país.

En el capitulo Revolución en el Jardín el magnífico escritor hace un relato sarcástico de su visita a Cuba para recibir el Premio de las Américas en los 60´s, yo muerta de risa e inmediatamente hice una comparación con lo vivido en dos viajes a Cuba y la verdad los cambios no son muy significativos. El primero lo realicé a Pinar del Río y al segundo a Las Tunas, o sea he recorrido la Isla de extremo a extremo y las andanzas fueron, sobre todo en la segunda visita, todo un caso.

Como las situaciones “especiales” fueron diversas retomaré principalmente dos: el trasporte y la alimentación. El viaje a Cuba lo hicimos 4 docentes de la UAQ, dos mujeres y dos hombre, el objetivo principal era participar en un encuentro internacional para presentar el fruto de nuestro trabajo con respecto al desarrollo comunitario.

Para dos de nosotros era un viaje más a la isla y para dos era la primera vez. Cuando iniciamos el descenso en el aeropuerto de la Habana, uno de los compañeros se puso nostálgico y emocionada, hacía tantos años que deseaba visitar Cuba y por fin veía hecho realidad su sueño que duró muy poco, pues fue el que menos se adaptó a las condiciones tan especiales del país.

Nos fuimos con un día de anticipación para tener tiempo de dar una visita rápida a la Habana y lo primero que hice fue tomar algunas fotografías de arquitectura y trasporte, una ejemplo es la siguiente tomada en el centro de la Habana Vieja y en la que pude captar diversos tipos de transporte.

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Al día siguiente debíamos salir hacia Las Tunas en un recorrido de varias horas, como Toño y yo conocíamos las películas, Lista de espera y Miel para Oshun además de haber estado antes allá, sabíamos muy bien lo que nos podía esperar en el viaje. Vean una partecita pequeña de ambos films.

 

 

El día y antes de la hora fijada, llegamos a la central camionera y en eso se nos acercaron varias personas para ofrecernos un viaje alterno, Toño y yo vimos los autos, parecían nuevos y en magníficas condiciones, así que iniciamos una estrategia de convencimiento, creíamos que era mejor pues podíamos parar en cualquier lugar, conoceríamos más lugares, haríamos menos tiempo, en fin, múltiples argumentos para convencer a los otros dos.

Hacer el viaje de la segunda manera nos salía mucho más caro que en el autobús pero finalmente los convencimos y dimos un adelanto para cerrar el trato con el chofer. Nos aprestábamos a subir nuestras cosas cuando el chofer nos pidió que lo esperáramos en un lugar específico pues iba por el carro, la primera pregunta fue ¿Qué no es uno de los que nos enseñó? No, fue la respuesta, voy rápidamente por el. Ese rápido tardó como 20 minutos, Toño y yo nos veíamos y mudamente nos preguntábamos que pasaba, los otros dos compañeros ponían cara de “Ya ven, por andar con sus ondas” Cuando finalmente apareció en chofer con el carro, soltamos la carcajada, ahora me pregunto si para expresar el fin de la tensión, si por la preocupación a partir de ese momento o porque finalmente decidimos vivir toda una experiencia, el carro era casi idéntico al que Perugorría uso en ¡Lista de espera!

Pues como no quedada de otra, nos subimos, habían de ver para acomodarnos, sobretodo porque uno de los compañeros llevaba un equipaje que parecía que se mudaba de casa, como siempre pedí ir en el asiento de adelante y ellos tres se acomodaron atrás. Para empezar el chofer nos dio una paseada casi por toda la Habana pues tenía que cargar gasolina y ninguna estación tenía hasta que, después de más de un ahora de buscar, por fin encontramos, el chofer aprovecho para explicarnos la difícil situación de la economía cubana en la que medio mundo debe hacer malabares para sobrevivir, pues el único que supone que las cosas estaban bien es el comandante Fidel.

Durante la primera parte del trayecto comentamos también de la poca movilidad de la población y la evidente diferencia material de la población del llamado “Oriente”. Llegado a una determinado punto bajamos para comer y el chofer nos dijo que le había salido una oportunidad muy buena par llevar de emergencia a una persona a la Habana, que si le dábamos oportunidad de cambiarnos de trasporte y que su amigo haría con nosotros el resto del recorrido, aceptamos pues constatamos el problema de transporte y más en caso de emergencia, después supinos que nos había mentido, se trababa de un acuerdo para que dos personas salgan beneficiadas económicamente.

A mitad de esta etapa me dio comezón en una pierna y me rasqué, cual no sería mi sorpresa que al verme las manos comprobé que las uñas las tenía negras, no podría creer que tuviera tan sucia la piel, si por la mañana me había bañado. Continuamos el camino y al llegar al hotel en Las Tunas nos quedamos viendo todos y la carcajada fue estruendosa y unánime, todos llevábamos la cara tiznada y nos sentíamos muy cansados, pues claro, después supimos que el carro carecía de tubo de escape y todo el monóxido se metía al carro, lo bueno es que todo el tiempo tuvimos las ventanillas abiertas, sin no, no lo estaría contando.

En las Tunas el transporte es casi tan variado como en la Habana pero hay “terminales” de carretas, las hay en todas direcciones.

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Independientemente de que en algunas ciudades de nuestro país hay calandrias para hacer paseos, como en Mérida o Guadalajara, allá es el trasporte generalizado. Sin embargo el que más me preocupó fue el de la fotografía de abajo, no porque en nuestro país no exista, los he usado en la península de Yucatán en donde el suelo es plano, en las Tunas en cambio nuestro hotel estaba emplazado en el lugar más “alto” de la ciudad lo que requería un grosísimo esfuerza para quien manejaba el triciclo.

Al platica con él supimos que era de las gentes con menor grado de educación en la población, que no había tenido posibilidad de acceso a la educación pública estatal, nos preguntamos, y ¿La igualdad que se logró a partir de la revolución?

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Ya en la ciudad no requeríamos mucho trasporte pues pasábamos la mayor parte del tiempo en la Universidad, en las actividades programadas y el problema era el de la comida, pues a pesar de estar hospedados en el mejor hotel de la ciudad, la comida era horrible, incolora, fea, insuficiente y las moscas pululaban por todas partes.

Ante esa situación y como buenos mexicanos se iniciaron rituales muy especiales, nos sentábamos a desayunar y ante los huevos medio crudos que servían los compañeros empezaban a decir, imagínate que te estás comiendo un platazo de pancita, así con su cebolla bien picada, chilito, juguito de limón y cuanto platillo les gustaba de México o se les hacia suculento.

La misma situación se repetía, mañana, tarde y noche y es que en verdad la producción de fruta es más que raquítica por tanto lo que ofrecen son frutas incoloras, casi sin sabor, feas en verdad, igual para las hortalizas y la comida en general, eso si casi siempre se comen bollos a manera de sándwiches y para la mayoría de nosotros en verdad era una tortura.

La fotografía de abajo la puse porque fueron los únicos mangos amarillos que pude ver durante nuestra estancia y porque era una muestra gastronómica que nos presentaron, con muy buena intención pero miserable en cantidad.

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Después de casi una semana así, dos de los compañeros insistieron en que nos regresáramos antes a la Habana antes de tiempo y de ser posible regresarnos a México a la brevedad, los mismos dos de siempre dijimos sí a la Habana, porque si nos vamos un día antes, tenemos posibilidades de perder el vuelo y teníamos razón.

Llegamos a la terminal de autobuses por la tarde, no recuerdo a qué hora debíamos salir, pero como a las 8 de la noche se nos avisó que la guagua se había descompuesto en unas poblaciones aún alejadas y que deberíamos esperar, como dos horas más tarde, se nos dijo que habían enviado un segundo trasporte y también de había averiado. Total que la compañera que se hacía cargo de hacer las compras de boletos, pagar hotel y lo relacionado con el dinero, decidió que no teníamos que estar esperando a lo tonto un trasporte que no tenía para cuando llegar así que devolvió los boletos y compró en la otra línea que existía.

Todos alborozados nos subimos, acomodamos como pudimos nuestro equipaje y yo, me dormí. Cuando bajamos en la Habana mi compañera echaba pestes, estaba en verdad enojada y me pidió que la acompañara a denunciar a la empresa, a que le regresaran un dinero y no se cuantas cosas más.

Durante el trayecto a la oficina del encargado me explicó todo lo que había pasado mientras yo dormía, nos habían vendido boletos “ilegales”, una vez iniciado el viaje parece que querían que bajáramos de la unidad, eso y varias cosas más que a mis compañeros incomodaron y mucho, total, para dos de nosotros la últimas horas en Cuba fueron buenas pues decidimos buscar algunas pinturas para comprar y llevar a nuestras respectivas casas pero para los otros dos fueron horas insoportables.

Para finalizar adjunto un video acerca del trasporte en Cuba.

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