Bajamar

Antídoto #66

Deja que el saltimbanqui
entre a escena dando zarpazos
y jalando los gatillos del sol.
No tendrás que desarmar la carpa,
ni la madrugada,
ni los buques,
ni las ciudades,
ni siquiera la brújula
de tu entraña que se hunde;
sólo
zambullirte en esta marejada
de elefantes
y coral metralla.
Jazz Madrid

Sax,
sordina brincan con ventisca,
con dentadura de Marqués y puta fina.
Besos
ronroneo propinan, rompiendo piano,
la inercia misma.

Cuerdas de ausencia,
jazz Madrid arrastra espuma,
bombeando
bombeando la cadencia mía.

Madrid entrando,
aleteando Bebop, erótica parsimonia.

Sueño a deshora

De mañana con la brisa refulges:
sin prisa te pertrechas con tridentes de neptuno, acicalas y extiendes tus alas infinitas para guerrear conmigo. Audaces nos tocamos, nuestra luz se desmorona en migas que recogemos como niños.

Malherida vives, extraviada. Desparramas obsidiana, oro de damasco dondequiera. Nos damos muerte con filos de centella, parse-é ámbar queda. Y tus lágrimas andan rápidas hirviendo mi coraza: son lluvia de Cartago que comienza, verbo miel de garza.

¿Qué pasará si no despiertas?

Lunas, dos quedan

En marzo Luna jadeas, dúctil de reflejos nos desenfrenas; ruedan tus pullas por los balcones, nos picas ánimos y tendones ¿Acaso no eres ronroneo de abejas, feroz nervio de las mareas?

En octubre Luna traes fogones: trenes de cuatro pisos distraídamente puntuales. Nos apeamos en ellos para viajar por rieles tornasoles, paseamos amargos, garabateando con lágrimas y áloe.

Lunas, dos quedan. Llenos los andenes justo esperan.

Bitácora

Costa Grande do Sul, rumbo:
Estrecho Juan de Fuca resbalando por Magallanes.
Nos acompañan la desventura, cien onzas de pimienta,
ron y conchas de tortuga.

Somos miserables, lozanos
cicatriz en manos
entusiastas de Salomé.

Nos dicen filibusteros, infieles de la Corona
¡Tanto aquelarre por andar preñando con estas mares!
Claro que nos apareamos cual tritones y surcamos en vilo los tifones,
ultrajamos las antillas,
el golfo de Guayaquil
y más allá de los colores.

Marinos somos.

Semilla de caña brava

Tajo rascacielos,
caña brava siembro en los suburbios.
La riego a torrentes de aceituna
llanto de quetzal y lava que hace espuma.

Se hincha de sol,
protón,
humedad que relamo hasta el mediodía.

¡Caña brava surge, ronda con tus encajes de jungla y colmillos!

Señorita Muerte

Cuando hay eclipses niña jugosa:
frotas el alma, alegre rascas los hilos de la carne esponjosa.

Te he visto.

Desnuda cortejas conmigo, justo detrás de un biombo del pasillo ¡niña cuanto nos gozas! Tumbos damos entre el bosque y sigilos, tenue envainas mi daga cerca de tus livianos senos.

Llueves el vaho de tu entraña sobre mis dientes y libre te mordisqueo hasta que desfalleces ¿Cuántas veces habremos follado, terriblemente sedientos, generosos y ardientes?

Señorita Muerte que estoy esperando una señal impaciente…

¿Acaso ya vienes?

Acompañamiento para mambo Tabú de Dámaso Pérez Prado

Sótano.

Tasca fogosa gruñes,
embriagas el piano de ragtime, flama y marinas.

Tabú acribilla: una, dos, melancolías.
Enciende amapolas
carne que retumbe la atmósfera hertziana del alma.

Te escucho y habla la piel,
escucho y atizo relámpagos de trompetas que jadean
¡Vouyer he sido, de latidos sin darme cuenta!

Metrópoli S.O.S.

En las banquetas
de metrópoli
fornican morsas de prieta gamuza;
arañas
tintinean colmillos y arterias
con la presteza
de treinta moscas confusas.
Aquí
hay hondonadas,
desiertos que cuelgan
como falos de león y lianas.
Rellenos viven
sus drenajes de jarana, anorexias,
música que asciende con las medusas;
música aguamarina de exacta armonía y violencia:
disparo
pentagrama
insurgencia.
Existimos en sus barrios
terriblemente vacíos de mezcalina
¡Ya dejemos de pisar
tantos cartílagos eternos,
venas de concreto, tiempo varilla!

Filantropía

He regalado pares de pies malmirados,
aquellos para montar gibas del ártico y franquear ciénegas a ras del barro.

Cedí ojos que embelesan señoras de las pajareras,
muy blandos todos en racimo amarrados;
brazos fraguados en tezontle,
diestros en extraer el jugo de viñas a borbotones.

Perdí muslos en provecho de zarinas,
tiras enteras de estirpe en calidad los primeras.
Orejas dejé que asaltaran
¿Adivinan durar sin cigarras, regatear timbales y oscuridades?

Derramé espalda baja que al acento de la mandinga baila.
Lo he dado todo,
sangre bien lograda sin ningún arrepentimiento.

Dieta del tranvía

Éter lanza el tranvía
oporto y nieblas de vainilla.
Avienta melenas, mozas
palpitación de ballenas;
un maullido que parte el buche a manera de estopa.

Enjutas quedan las piernas,
briznas de lomo apenas se tientan.
Abismo inicia,
el horno inicia… viene el tranvía.

Plaza Mayor

Los piquetes de vermut montuno
dan calambres,
tiple
tiple serpentino a uno.

Se pueden quitar con jugo de sepias,
piernas de virgen garotas
o simples amnesias.

Canasta de esfera farola,
las farolas atentas radiando mallorcas,
vagabundos
floresta
empedrados
cópula intensa.

Perfume de Hiedra

Hiedra inmensa pecas mi cuerpo
¡Glotona nos siembras astillas para dar tormento!
Tu aroma adereza mis adentros de diablo, en ellos goteas el cuarzo que edifica los sueños.

Delicada me duermes y los pulmones colmas de llanto hasta decir que duele. Conmigo única mueres, nos revolcamos en el rocío de la tarde, los monzones y copos de nieve.

Juntos somos la maleza que talla corceles, tropel de caoba que desboca las paredes…

Vista andina

Los Andes se ven erizados a modo de meteoros:
arrastrándose por Maipú, San Martín o Chaitén
con tentáculos de peñasco,
mullidos
taciturnos
derrochando mantequilla, cumbres en veda;
silenciosamente.

Mestizos de marimba y cordillera,
oruga y dromedario
dragón y corderos.

Oruga, dragón, dromedario:
marchemos milímetros, pulgadas, millas…

Quédense quietos.

Braseado de porteña

Las porteñas chamuscan el cañaveral con sus mares
y estertores.
Su carbón entre piernas revienta la mente;
burbujas de plata alzan sin preña, sin pretensiones.

¿Algún secreto?
¿Efluvios del río?

Ellas se agitan con ritmo de ceibo para deleite del esqueleto,
implacablemente, abriendo las branquias; desangrándose.

¡Una milonga de amorío, de acordeones!

Buenos Aires.

¿Será eso?

Veloz desolación

Recordando tus axilas de piña
conocí la desolación,
estacas y langostas
que perforaron mi espalda de manatíes.
Repasé tus descensos
por tejados despostillados
lijando mi célula, el océano,
la montaña de níquel
espesuras y ríos.

Y en medio de tus muslos
noté los buques que hundiste,
negros icebergs hundiéndose
con placer y estruendo.
Cabellos hierros
quebrándose con sudor eléctrico
sin ningún recato.
Bala ensueño
veloz desolación.
Sin tregua

bombas de hidrógeno estallan por dentro,
a la mitad de tu orgasmo de plata y relámpago.
Explosiones
púrpuras nubes,
brasas para calentar nuestros ojos y esqueletos.

Sin tregua
la galaxia rechina sobre el techo de tu vientre
emanando planetas y frescas cometas.
Pulsan las orbitas de tu olor sirena
sacuden
empujan a estar sediento del placer amnesia.

Farallones,
arrecifes despuntan,
sin alto alguno
tus medusas envuelven nuestras sábanas
con su punzada
y pociones. Dame guerra, aniquílame entonces.

Lo que olvidé de tu muerte

No hay recuerdo
de pencas o garfios en las arterias,
sólo un galón de tu músculo néctar
llenándome a tope el olfato
e infortunios.
Llenando lo que siempre ha estado extinto:
mis gavilanes de pesado
y selvático grito.

Ningún eclipse
pez nadando despreocupado,
solamente tu cardumen de tiburones
rodeándome
alimentándose
con lo mejor de mi oxidado cadáver.

Costa y cocodrilo

Costa ladrido en un rincón se azotan,
quieren andar tus pendientes de lija
y hielo gordo
durante el crepúsculo y salados días.
Los cocodrilos
han bajado por tus escaleras de arrumaco
casi a gatas e inventando miradas del Nilo.
Los tocas
se tocan las llagas del hombro;
enmudecidos
titiritando por calores
rencor argamasa y martirio.

Caracol Habana

Caribe
malecón gemido:
salpica
a la mulata de la Rampa
que penetra con tormenta.

Habana
de exhausto cinemascope
y rumba que besa el asfalto
como lenguado a su presa:
danos mayabe
maní sorpresa.

Caracol de la isla
de muralla frágil
y digna candela:
álzate rebelde y guerrillera

Si fuese inevitable

dueña de la zafra:
vamos a incinerar tu cuerpo
entre aquellos zapotes
y tal vez queden
bagazo y zamba. No lo sabremos
tirana afilada.
Guardaremos antílopes
láudano
cordeles de ónix para amortajarte
cuando sea necesario.
Tu polvo será exprimido
de nuestras uñas
e hipnóticos estados.

El índigo olvidado.

Diego Garciarivas

Una respuesta a Bajamar

  1. Perravida dijo:

    Caracol HAbana!!! Excelente reflejo de la tierra olvidada en el tiempo que se resiste a morir…Sueño SOBREVIVIENTE ante la amenza del Tio Sam…

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