Marea muerta

Carne cósmica

Tata peyote domas el tiempo, tiras maromas
te arremolinas.
Ávido emerges:
edén cristal
mezcalina.

Vagas arando la carne
volando carrizales,
zopilote de luciente plumaje;
semental del monte.

Revientas la soga,
viajas constelaciones de sombras:
éxodo
madrigueras
tierra.

Escucho pasos, auroras
¿Eres tú?
Ayúdame a salir de estos mansos días…

Naufragio

Vacío.
La agitación de limoneros;
el enjambre de gaitas
que nos retumba
está muerto. La Diosa de sábanas y manubrios yace bajo los rieles de Marseille:
amortiguando planetas,
sangrando mis furgones.
Naufragamos tan deprisa que se extinguieron las carpas, el dragón y la Coatlicue.
Nada nos quema.
Ahora sólo desembocan moluscos de poca monta. El agua tumba rasca nuestros pulmones con desidia.
Naufragamos inagotables.

Confesiones en el desierto

Tenemos azoteas de tejamanil, brumas, pereza, ladillas,
tetas
moscas
fantasías adormecidas en todas partes, sin ninguna pausa.

Nos convencen las cenizas es verdad.

Preferimos escarbar décadas felinas,
los meridianos cada cuarto de hora repetidamente,
uno
dos
tres
cuatro meridianos
repetidamente. Hasta el punto en que nos perdemos;
nos excedemos mientras engañamos débilmente.

Así somos:
sutiles de cuatro paredes, hermosos, atroces.
Sin dientes para machucar la vida
sin gritos
sin legañas. Ausentes. Terriblemente ausentes.

Y el desierto nos confiesa.
Cachetea la inocencia con pisadas y mellas

¡Vaya,
juramos que esas pisadas son de las buenas!
Con soltura de reina nos roba las notas
la música que sobrevive hambrienta
los bríos
las ratas
los burdeles
se lo lleva todo. Y quedamos entre el azur y la nada.
Tierra prometida

En aquella tierra,
palmeras lentas e infinitas
cubren nuestra cabeza del óxido que orinan los dioses;
podemos comerlas maceradas con salsa
o azules de Sajonia.
Los sarcófagos son bocadillos selectos
algunos castaños y rociados en vino.

Ahí,
peces de agua dulce se esponjan con fuerza de cometas;
con engranes,
luciendo rabia y escaramuzas
chispeando notas de la medianoche.

Las barrancas desaparecen nuestros cuerpos entre los barrizales;
los arrullan sus bestias y aguaceros.

Un torrente de luces tuesta parejo el cabello,
las rechonchas sandias que apresuran el deseo;
desmayados deseos de murciélago y rayo.

Ahí,
se retoza endemoniadamente entre sus jardines
ninfómanas e higueras;
acechando
persiguiendo a las criaturas de penachos y largas colas.

No esperan, esas tierras no esperan.

A la intemperie

Matacuás del reino
de aliento abrasador. Me he convertido
multiplicado
con los ríos, callejuelas, aves, máquinas,
puentes, lunas, alcantarillas,
botellas, putas,
muertas y vivas.

Hermano involuntario de cuatreros
que por el momento
sólo son limosneros;
gato montés de crecidos garfios
mañas y encantos automáticos.

Humano entonces.

Después de todo:
olfateo, regaño, martillo, derramo,
tracaleo, masco, eyaculo,
desobedezco, acaricio,
estoy. Vivo.
Estocadas

Rechina el granito…

¡Hierro!
Llagas y vértigo
y hermanas que trozan la raja mía
y hermanas que corren sobre el espinazo
apuñalando el viento.

¿Zumban ya mi fauces, acaso no tiemblo de hartazgo,
de sus machetes recios? No.

No crean. Y sin embargo, las siento tanto.

Aún.

Serpiente que yace

Serpiente fuego tiemblas,
yaces sobre la nuca, sobre lagos a veinte grados de temperatura. Temblor, serpiente dudas de las ninfas y valquirias.

Limpia tus escamas de pez habano, náutica piel, locura malsana. Enrédate aquí, reptil de las playas.

Voltaica
y
aletargada.

Vapor
tabaco hayas,
en mí,
en lagartos de gran calado que en exilio aman, aguardan, calcinan tus plumas en completa calma.

Íntimo armadillo

El armadillo del llano serrucha la tierra los días de fandango,
cava lejanías por nosotros, alardea zarpas,
fuego arroja su caparazón que siento mío;
llamas tiene ¡Hervor tras veneno!

Si estamos hambrientos:
lo cebamos con tallos de cilantro
y nacen camadas para guisar una sarta de caldillo. Soy su crío, me comen, nos comemos en pleno idilio, médula, tuétano, escapan de las manos en plena desdicha.

Tangos diez aguanta mi armadura a causa de sus vientos con licores;
de esos vientos que hacen remolinos con calores, con esos licores que zarandean y remachan al asar nuestros amores.

Botánica interior

Cafetal fino se hincha,
muy puesto existe en las cabelleras, en las matronas de letal fisonomía. Se bebe a torbellinos, en cáscara de coco y erizos marinos.

El manojo de ceibas sangra al por mayor,
fluye pájaros,
hebras de aguamala con destellos de verdor.

La canabis moja el esqueleto,
fecunda el oasis de cormoranes, péndulos y manantiales. Quema, transpira en nuestro aliento.

¡Órbita de lluvia grita: ceiba, cafetal, hierba!

De quinta esencia un poco

Sé utilizar los hechizos de nardos, estirar sus carnadas y atar santas a montones; mis jarabes arrancan labios torneados, algunos de arrabal e intensos como petardos. Pesco libélulas sobre los canales, truenos meneo a través del desierto abrasador cual tupidos soles.

De quinta esencia un poco alcanzo e himen rasgo de la existencia en mi último remanso. Soy aprendiz de chamanes, bien amado en jaleos, aposentos y montes ¡emir de secretos conjuros nazco! lince de palabras que anestesian flores.

En quinta esencia me adiestro,
sagaz
y
oculto.

Última voluntad

Defiendo las llamaradas que levemente nos deshacen,
las que me cargan con mechones y finezas de hembra;
defiendo las tolvaneras que se precipitan de nuestros huesos
directos al mezquite y los jacales.

No importa que arrastren furores por millas de matorrales.
¿Para qué engordar garrapatas, si polvos agridulces en el mundo faltan?

Mi última voluntad: dos jalones de ribete al frente,
un barullo de culebras y el dormir paciente; deleitar pezones
e inflamar de clamor los bordes de Venus.

A mí, que me quemen…

Fiebre submarina

La fiebre submarina ha impregnado nuestra alcoba
con tambores y astucias felinas.
Nos embiste deprisa, sin enfado,
azote locomotora
─ Secreta ponzoña que asoma navajas y consorte ─

Contagiados,
al cabo de quince días retumban los pellejos de la entrepierna,
fibra crece a manera de ortigas.
Pasado el mes galopan insectos livianos a pesar del invierno;
zozobras,
henequén de exquisitas tinieblas.

Si nos penetra completamente en las bisagras
el mutis escapa,
los siglos se meriendan con pan de granizo y carcajadas;
flota la mollera sigilosa directo al nirvana.

Nos ha invadido. Enhorabuena.

Guardián, 0o C

Los témpanos se mecían con sus mantarrayas,
amarantos,
escarabajos canturreando estrofas de excitación y duelo.

Eran compás eléctrico reventando navíos,
el ansia,
fieras nalgas de amazona en estricto reposo.

Fierabrás hielo. Azabache.

Guardián. Acero.

En las tardes de noviembre

Algunas catrinas de los confines han echado carnes,
maderas del arca llenas de salvajes de tinta y magia.
Se hallan cayendo
bramando volcanes.

Tardes de noviembre ingenuas
con borrasca
perfume
y látigo,
con látigo que destila catrinas voluptuosas,
de carnaza que anda quieta sobre una claraboya afilada
que anda quieta en nosotros,
sobre el mundo,
sobre todo.

Lo eterno a bocajarro

El mezcal de gusano y calidoscopio
Las caninas efervescentes
Bostezar océanos a garra limpia
Los vinos de Chinon
Trombones y avalancha en completo ayuno
Luciérnagas zapateando entre arbustos de zarzamora
Almorzar largamente la vía láctea
El corsé de bronce arrebatado
Fregar el sarro de cañones y sartenes
El ciempiés que tropieza helado sobre las pupilas
Una garrafa de Nebbiolo malandrín y refinado
Submarinos hundiendo duquesas con minucioso sexo
El guacho-pampa apoleando
Minotauros abatidos por la soledad
La crin verdemar de las morras
Sapos deleitando con acrobacias de gelatina
El otoño de bocanadas tibias y hojarascas
Leopardos cepillando la sabana africana con veleros
El dolor engordando
El placer espesando
Existir

Después de la ausencia

volvimos con huecos en los pies,
inhalando bayonetas
nubes rotas y pantanos.

Eran tiempos del rinoceronte de hojalata,
de pulpos arrastrándose por los edificios
llorando tinta y púrpura estampa.
Lloviznaba entonces.
El sexo de mujer lloviznaba traslúcidas redes de araña;
gritaba por medio de altavoces
el idioma de mariposas apresadas,
bellas
y fornicadas.

Nuestras bocas de pez globo
besaban espirales
triángulos inmóviles
círculos inmóviles para curar los malestares,
del exilio.

Grandes pretendientes

seguidoras del oro perdido así… sin saber.
¡Tantas personas en la cresta
hermosas e infrahumanas;
qué simpáticas son, qué divas de cortos
dichos y versos-fríos!

Creo que no les importa la canícula,
las dársenas, estar atentas o profundas.
Ustedes se inflan con rompeolas,
de rabia,
de letras en sus diversas formas.
¡Bah!
Hay que remilgar sin máscara
arrasando bragas violentas, siempre violentas:
a toda espalda, a pulmón y pianolas.

Pero aquí siguen. Adiós grandes Señoras.

Rameras mías. Hermanas mías.

Adiós.

Al acecho

La cabellera de maracujás espesa en voz baja
y trepa altanera;
culebreando en los rincones cromados del alma,
en las vértebras del siglo y miradas pardas.
Se esconde en islas desnudas
atolones
circos
grietas y callejones;
mostrándose a voluntad de la fiera mía que roe.

Quizá

nos odiaban oyamel miseria;
lo sé.
Éramos un bosque para el refugio de proxenetas
y benévolas golfas.
Ellos talaban
mientras el nácar escurría en forma de garabato
descascarando nuestras raíces y semillas tuertas.
Pero hay venganza Electra,
venganza oyamel miseria:
corteza pómez
leones de plomo al ataque de su alma con disentería.

Axis mundi

Un mapa de agua remota
revela trincheras y hongos arrayán.
Musgo,
tábanos caníbal hay entre tu vereda
de peligrosa eternidad.

Temor y sodio retocan tu habla
saqueado Axis; clavicordio destripado.

Metamorfosis

Cabalgando en la regadera
con voluntad de jaguar y anaconda,
desnudos,
salpicamos apetito
neblinas del trópico que penetran los tímpanos.

Nos remojamos hasta convertirnos en anfibios,
crecen membranas
membranas macizas, patas que bailan tango
tangos al borde del precipicio.

Somos ranas,
somos Júpiter flotando en aguas de limo.
Croamos tranquilos,
lengüeteando paso a paso moscas y nenúfares
del prehistórico charco.

Buceando
buceamos sin miedo el fondo de las pirámides
óperas y corpiños
camaleones y lunares que florecen a la deriva.

Avanzamos sin frenar,
acelerando por carreteras de veinte mil kilómetros
abrazando continentes de veinte mil erupciones
paladeando la vagina de veinte mil ciudades.

Somos ranas,
somos Mercurio escupiendo a la desgracia.
Brincamos en ráfaga
traspasando vestidos con furia de los primeros tiempos.

Somos POESÍA ¡Libres!

Diego Garciarivas

6 respuestas a Marea muerta

  1. patricia dijo:

    nao e sirvió para nada

  2. Anónimo dijo:

    soy margarita juarez y estoy en el baaaghllerato sabes sta teresa y ami se me hiczo muy interesante este tema

  3. Teresa Gpe. ibarra dijo:

    soy Teresa Guadalupe Ibarra del bachillerato santa teresa Guanajuato
    en esta pagina se me hizo muy interesa pues ya que te informa de distintas cosas muy importantes del lugar…:))

  4. Farrah dijo:

    Wow, todo un shock placentero por leerte de nuevo. Bonne journée mon ami!

  5. noe dijo:

    en espera de la marea que me haogue.

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